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La dawah a través del empoderamiento de la comunidad: Una Perspectiva Musulmana Latina

Los musulmanes latinos ya no son la novedad que una vez fueron en este país. Su número parece estar aumentando, pero no se han hecho estudios extensos de latinos musulmanes hasta la fecha, por lo que no tenemos una evaluación realista del número de conversos ni dónde, cuándo o por qué se convirtieron. Lo que sí sabemos es que, en su mayor parte, existen dispersos en diferentes zonas de la nación, muchos, tal vez, anhelando una expresión islámica legítima de su identidad latina. También se han convertido en un grupo mucho más diversificado a través del tiempo, un fenómeno pan-latino que representa prácticamente a todas las naciones latinoamericanas.

Históricamente, a medida que los musulmanes conquistaron nuevas tierras, se convirtieron en gobernantes de grandes poblaciones no musulmanas, al principio cristianas y zoroástricas, y más tarde hindúes y subsaharianas animistas. Debido a la prohibición en el Corán de la conversión forzada, estos no musulmanes a menudo conservaban su identidad religiosa durante muchas generaciones bajo el dominio de la minoría musulmana. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, el Islam se convirtió finalmente en la religión dominante de las masas. Esto no se logró únicamente a través del proselitismo. Las masas por naturaleza tienden a ser cautelosas y desconfiadas de lo nuevo y desconocido. Mientras las palabras pueden o no ser comprendidas, las acciones hablan de manera clara y concreta.

Los musulmanes heredaron un mundo donde la violación, el pillaje y el asesinato eran la norma para los demás conquistadores. Sin embargo, los primeros musulmanes desafiaron toda convención evitando la barbarie y reemplazándola con un sentido de justicia y respeto por los derechos de los demás. Las acciones de aquellos primeros musulmanes, personificadas en sus buenos modales, valores y las instituciones que establecieron para asegurar la paz y la justicia, tuvieron un efecto profundo. Eran el arranque para la creación de una generación nueva y duradera de musulmanes motivados por actos que iban más allá de las palabras. Estos primeros musulmanes veían la justicia y el bienestar de la humanidad como la expresión externa apropiada de la misión coránica que Alá y Su Profeta, la paz sea con él, les habían confiado.

Tal fue el caso de la España Visigótica del siglo VIII, una tierra crujiendo bajo el peso de la opresión y la decadencia social. Allí, la conquista y el gobierno musulmán fueron transformadores. Las injusticias anteriores fueron reemplazadas por leyes justas que dieron poder al pueblo, especialmente en la reforma agraria. El énfasis en el bienestar público fue evidente en su atención a la salud, la higiene, la educación y la infraestructura urbana y rural. La Península Ibérica se convirtió en Al Ándalus, el faro de una civilización ilustre. Cuando Andalucía alcanzó la cima de la civilización califal, el 70 por ciento de la población ibérica nativa se había convertido al Islam.

Ahora, medio milenio más tarde, los descendientes culturales de esa civilización andaluza están regresando a Alá y a la religión que les proporcionó la fuerza para cambiar sus vidas. Sin embargo, esta vez no estamos marchando hacia Times Square o San Francisco Bay como conquistadores. No somos los gobernantes, sino que estamos entre los gobernados en una república cuyos representantes gobiernan de acuerdo a sus intereses financieros y empresariales parasíticos y explotadores. La miseria se ha extendido por todo el país, donde la mitad de la población se considera pobre, millones de personas han perdido sus empleos y sus hogares, uno de cada cuatro niños vive en pobreza extrema y millones, desproporcionadamente Afroamericanos y latinos, están tras las rejas trabajando en esclavitud legalizada para grandes corporaciones.

En este contexto, ¿qué representa el musulmán latino, o cualquier musulmán en general, en América en el Siglo XXI? Cuando los no-musulmanes nos miran, ¿qué ven? ¿Nos ven defendiendo los derechos de los oprimidos? ¿Nos ven sacrificando nuestro tiempo y dinero para aliviar el sufrimiento de los afligidos o ayudando a los necesitados en nuestra sociedad? ¿Nos ven oponiéndonos a la injusticia económica y la brutalidad de una fuerza policiaca cada vez más autoritaria? ¿O nos ven pasar indiferentemente por al lado de sus casas mientras estamos en camino a la mezquita, nuestros trabajos o hogares, aparentemente sin darle la más mínima importancia a su dolor? Sin embargo, el Corán nos dice, “¡Oh, creyentes! Sed realmente equitativos cuando deis testimonio por Alá, aunque sea en contra de vosotros mismos, de vuestros padres o parientes cercanos, sea [el acusado] rico o pobre; Alá está por encima de ellos. No sigáis las pasiones y seáis injustos. Si dais falso testimonio o rechazáis prestar testimonio [ocultando la verdad] sabed que Alá está bien informado de cuánto hacéis” (4:135).

Los movimientos islámicos del pasado en este país reconocían que la expresión de fe en Alá iba más allá de las oraciones obligatorias, el ayuno y lo similar. Los esfuerzos para corregir la injusticia y la desigualdad en la sociedad eran igualmente importantes y se veían como la manera de emular los grandes musulmanes reformadores del pasado. Los musulmanes latinos son una minoría dentro de una minoría, pero tenemos un verdadero poder para impresionar a nuestra gente con la esencia de la religión de Alá, comunicando a través de nuestras acciones lo que los discursos, folletos, videos y CDs no logran transmitir. Grupos del pasado como el Movimiento Darul Islam, la Mezquita de la Hermandad Islámica, el Partido Islámico de Norteamérica y Alianza Islámica galvanizaron a sus miembros alrededor de dos proposiciones firmes: proclamar la palabra de Alá y hablar en contra de cualquier forma de injusticia y opresión. Alá dice en el Corán, “¿Por qué no luchan por la causa de Alá, cuando hay hombres, mujeres y niños oprimidos que dicen: ¡Señor nuestro! Sálvanos de los habitantes opresores que hay en esta ciudad. Envíanos quien nos proteja y socorra?” (4:74).

Alianza Islámica fue la primera organización musulmana latina en combinar un programa efectivo de dawah con un programa de bienestar social igualmente vigorosa. En la Costa Oeste, LALMA (La Asociación Latinoamericana de musulmanes de Los Ángeles), inspirada por su ejemplo, ha tenido mucho éxito con un enfoque similar, denominado dawah indirecta, por su fundadora Marta Galedary, durante los últimos 16 años. Sin embargo, es importante señalar que un verdadero movimiento islámico fiel a su causa no es una carrera. Nadie en Alianza, desde el director para abajo, recibió un centavo por sus esfuerzos. La organización también evitó la tentación de crear élites autodenominados o títulos falsos: no se permitían los Sheij Fulanos, los Papo El Mahdis, los agitadores de los medios de comunicación, ni los que querían satisfacer sus egos. El enfoque siempre fue servir al pueblo y la comunidad.

Creo que es necesario que este modelo se repita por una nueva generación de latinos musulmanes que lo mejoren, lo dejen evolucionar y lo adapten a nuevas circunstancias y ambientes, permaneciendo fieles a su espíritu revolucionario. Tal vez entonces, si Alá así lo desea, el Islam se fortificará en las comunidades donde la gente está más perjudicada. Esta sociedad ha cargado a la gente latina con una serie de dificultades: la falta de educación, los aprietos económicos, la brutalidad policial y el abismo de la inmigración. Por encima de ese pandemonio, nosotros, como musulmanes, debemos proclamar la unicidad de Alá y la misión profética de Muhammad, que la paz sea con él. Para aquellos que no pueden oírnos por encima del alboroto, que por lo menos vean el Islam en acción. Tal vez, si Alá así lo desea, a través de una combinación de ambos enfoques, los ecos de una Andalucía perdida se escuchen de nuevo y la luz finalmente vuelva después de una larga oscuridad.

Ramon-Francisco OcasioAuthor Ramon Ocasio is a leading pioneer of Latino Muslim Dawah and a lecturer on Islam and the legacy of Islamic Spain.

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