بسم الله الرحمن الرحيم

Author: Shinoa Matos

  • Somos más que nuestras historias de conversión

    Somos más que nuestras historias de conversión

    A menudo he pensado que sería bueno si, cuando le dijera a alguien que me había convertido al Islam, ellos no me miraran con lástima, como si me hubiese convertido porque estaba en las profundidades de la desesperación y la oscuridad y sólo necesitaba algo para creer. Al contrario de lo que la gente piensa, muchos conversos llevan una existencia normal antes de su entrada al Islam, y no fueron infelices antes de su conversión. Las historias de conversión al Islam no son todas cuentos ilustres de personas superando todo tipo de sufrimiento y obstáculos. Por culpa de estas suposiciones negativas, los conversos al Islam deben navegar sospechas de que tuvieron un pasado problemático. De hecho, no todos los conversos provienen de una familia mala o de un pasado difícil. No es cierto que la mayoría haya estado anteriormente en una vida de drogas, crimen, promiscuidad u otro vicio. Ni tampoco que sus familias les hayan rechazado por convertirse en musulmanes.

    Probablemente han asistido a alguna conferencia o programa islámico donde invitaron a un converso para hablar sobre su camino al Islam. Es posible que hayan escuchado la historia de una persona cuyos padres lo echaron de su casa o de una mujer a la cual le obligaron a quitarse el velo. Quizás fue la historia de alguien que conoció a un musulmán por primera vez mientras estaba en la cárcel. Sí, es cierto que personas así existen y sus historias sean desgarradoras. Sin embargo, no es el caso con todos los conversos.

    Algunos de nosotros llevamos vidas simples y elegimos el Islam; simplemente quisimos ser musulmanes. Soy hija de inmigrantes y nací y crecí en Nueva York. Tengo una familia extensa muy unida. Cuando era más joven, íbamos a la iglesia juntos, nos visitábamos casi a diario, celebrábamos todos los días festivos en familia y nos apoyábamos en todo. Cada uno opinaba sobre las decisiones de otros familiares y nos involucrábamos en asuntos que nos afectaban, e inclusive, ayudábamos en la crianza de los hijos. Mi tía me regañaba si era necesario, porque ella era una segunda madre para mí y tenía derechos sobre mí como una figura de autoridad.

    Yo estaba en la escuela secundaria la primera vez que me dieron permiso para pintarme las uñas, solo porque cumplía 16 años y estábamos celebrando. Cuando se acabó la fiesta el próximo día ya me pidieron que me quitara el esmalte. Nunca usé drogas ni viví una adolescencia desvergonzada o rebelde. No me iba a fiestas, ni nada por el estilo. Nuestra familia era un grupo de clase trabajadora con las expectativas habituales de los inmigrantes para sus hijos de obtener un título universitario, contraer matrimonio y comprar una casa para formar una familia. Experimentamos nuestra parte esporádica de problemas, pero nada que fuera extraordinario o que cambiara la vida, y ciertamente nada que me haya impulsado a recurrir al Islam.

    Estaba prosperando en mi vida

    De hecho, llegué al Islam en un momento próspero de mi vida. Me acababan de promover en la editorial donde trabajaba a el puesto de redactora. Viajaba constantemente y vivía sola. Tenía amigos cercanos y era activa en mi comunidad. Puede que no haya sido una católica practicante, o ni siquiera me podía identificar como tal, pero tenía una fuerte creencia en Dios debido a la manera que fui criada. De hecho, nada traumático me ocurrió personalmente que me impulsó a buscar un camino espiritual. Simplemente conocí a algunos amigos musulmanes, pasé tiempo con ellos y fui testigo de cómo rezaban y llevaban sus vidas, y fue esto lo que provocó mi curiosidad. Comencé una investigación que me condujo hasta el Corán, y finalmente llevó mi corazón hasta el Islam.
    En pocas palabras, una persona no tiene que encontrarse primero con dificultades o sufrimiento extremo para ingresar a la comunidad islámica. Lo que digo no es para minimizar las historias y experiencias dolorosas de los demás, sino para explicar que existen otras experiencias sin incidentes como la mía. Independientemente de si experimentamos circunstancias perjudiciales o no, les pido a las personas que no traten de crear una presunta narrativa y caigan en la peligrosa trampa de alimentar los estereotipos. Los estereotipos establecen una falsa creencia sobre un grupo específico de personas y ayudan a perpetuar el racismo, la exclusión y más.

    Muchos conversos ya enfrentan sus propias dudas sobre su crecimiento espiritual y conocimiento sin tener que enfrentar estereotipos dentro de nuestra propia comunidad musulmana que pueden dañar su fe. ¿Cómo puede un individuo ser un musulmán seguro de sí mismo si su comunidad supone cosas sobre él, y con demasiada frecuencia son cosas negativas? A menudo nos encontramos con esos musulmanes que esperan ansiosamente alguna historia extraña sobre nuestro pasado que nos llevó a la conversión. También oímos de conversos que han sido rechazados como candidatos para matrimonio por sospecha de que no hayan sido virtuosos antes de convertirse. Además, existe la falsa noción de que los conversos tienen un pie fuera de la puerta, es decir que posiblemente podrían abandonar el Islam porque no nacieron en la fe, y por lo tanto, su compromiso es cuestionable.

    Hay conversos con historias que te harán decir “guau”, así como cuentos más tranquilos que reflejan un trayecto más tranquilo. Cada una de estas experiencias tiene un lugar en el mundo y es completamente válida. La conversión al Islam va más allá de nuestro pasado. A medida que crece la fe, ya no somos quienes éramos cuando comenzó la historia. Mientras continuamos nuestro viaje espiritual, estamos escribiendo nuevos capítulos para una historia cuyo final es conocido solo por nuestro Creador.

  • We Are More than Our Conversion Stories

    We Are More than Our Conversion Stories

    I have often thought it would be nice if, when I told someone I was a convert to Islam, they would not look at me with pity, as if I converted to Islam because I was in the depths of despair and darkness and just needed something to believe in. Contrary to common belief, many converts lead a normal existence before their entrance into Islam, and their lives prior to conversion are not unhappy. Conversion stories are not all illustrious tales of overcoming suffering. These assumptions that we all have a questionable past promote reactions that converts have to navigate. In fact, not all converts come from a difficult family life or past. Not all converts have previously been into a life of drugs, crime, promiscuity, or other vice. Not all families reject their family member who has converted to Islam.

    Most of you have probably attended an Islamic convention or program where a convert was asked to speak about their entrance into Islam. You might have heard someone’s story about how their parents kicked them out of their home, or forced them to remove their hijab., Someone’s story might be about meeting their first Muslim acquaintance in prison. Yes, these experiences do exist, and they are heartbreaking. But this is not every convert’s experience.

    Some of us lead simple lives and we choose Islam. We choose to become Muslim. I am the daughter of immigrants and I was born and raised in New York. I have an extremely close-knit extended family. When I was younger, we went to church, visited each other almost daily, celebrated all holidays together, counted on one another for support, had a say in each other’s lives, and even parented each other’s children. My aunt would easily reprimand me if needed, because she was a second mother to me and had rights over me as an authority figure.

    I was in high school when I was first allowed to paint my fingernails, only because it was my Sweet 16 birthday celebration. The day after the party, I was instructed to promptly remove the nail polish. I never tried drugs or led a crazy teenage life of partying and rebelling. Our family was a working-class bunch with the usual immigrant expectations of a college degree, marriage, and home purchase. We experienced our sporadic share of problems, but nothing that was extraordinary or life-altering, and most certainly nothing that prompted me to turn to Islam.

    I Was Flourishing in My Life

    In fact, I turned to Islam at a flourishing time in my life. I had just been promoted to copywriter in the publishing company where I worked. I was traveling constantly and living on my own. I had close friends and was active in my community. I may not have been a practicing Catholic, or even truly identified as such, but I did have a strong sense of belief in God because of my upbringing. In short, nothing personally traumatic prompted me to pursue Islam. I merely met some Muslim friends, spent time with them and witnessed how they prayed and led their lives, provoking my curiosity. This led to research, which led to the Qur’an, and ultimately led my heart to Islam.

    In short, a convert does not have to first encounter difficulty or extreme suffering in order to enter the fold of Islam. This in no way is an attempt to minimize the painful stories and experiences, but the flip side are those uneventful ones like mine. And whether we experience detrimental circumstances or not, I ask that people do not create a presumptive narrative and fall into the dangerous trap of fueling stereotypes. Stereotypes create a false belief about a specific group of people and help to perpetuate racism, exclusion, and more.

    Many converts already face their own self-doubt concerning their spiritual growth and knowledge without having to face stereotypes within our own Muslim community that can damage eman. How can one be a confident Muslim if their community presumes things about them, and too often negative things? We encounter those Muslims who eagerly await some crazy story about our past that led to conversion, or converts being rejected as marriage prospects because the parents of the born Muslim in question believe that the convert was unvirtuous in their past life. There is also a false notion that converts have one foot outside the door, that they could possibly leave Islam because they were not born into it, and thus, their commitment is questionable.

    There are converts with stories that will make you say “wow,” as well as quieter tales reflecting a smoother journey. Every one of these experiences has a place in the world and is valid. Conversion to Islam brings about transcendence of our past. As eman grows, we are no longer who we once were when the story began. As we continue our journey, we are writing new chapters to a story whose end is known only by our Creator.