بسم الله الرحمن الرحيم

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  • Musulmana y Mexicana en Turquia

    Musulmana y Mexicana en Turquia

    Como llegue al Islam es doloroso recordar, pero le agradezco a Dios por todo lo que pasé para llegar hasta donde estoy ahora. Mi primer encuentro con el Islam fue en el 2009, cuando conocí a un musulmán turco en las redes sociales. Comencé a investigar acerca de sus creencias y por medio de esa amistad fui aprendiendo.

    Mi vida cambio por completo en el 2010, pues fue ese año que los médicos me diagnosticaron con lupus eritematoso. La noticia fue muy difícil para digerir ya que desconocía por completo esa enfermedad. Los doctores siempre me han dicho que jamás me curare pero llevo cinco años sobreviviendo porque la fuerza que Dios me da es infinitamente misericordiosa. Veo a mi enfermedad como una bendición, pese a las bajas y recaídas que he tenido desde que soy lupica, todo me ha ayudado a madurar y a reforzar más mi fe.

    Ahora reconozco que la vida en este mundo es pasajera; aquí vine para aprender y para servir al Altísimo, y por cada dolor, por cada recaída, por cada pérdida, sé que Dios me recompensará en Yannah, el Paraíso, insha’Allah. Tal vez mi salud decaiga cada día más, tal vez tendré que hacer más sacrificios, tal vez perderé algo o alguien, Alá sabe más, pero como musulmana lo que jamás perderé será la fe y la fuerza en Alá.

    En el año 2011 viaje a Turquía y ahí escuche el Adhan, el llamado a la oración, por primera vez y visité una mezquita. Desde ese primer viaje, me centré más en el Islam porque había cosas de ese amigo musulmán que me llamaban la atención. Él hablaba tan bonito del Profeta Muhammad, que la paz sea con él, y me aconsejó que para conocer más el Islam debía investigar más sobre el Profeta, leer de su vida y enamorarme de él.

    Ese mismo año tuve la oportunidad de ser madre pero por cuestiones de salud, a los cinco meses de gestación, el 17 de noviembre de 2011, mi embarazo tuvo que ser interrumpido. Al estar en el quirófano los doctores me preguntaron si era católica. A lo que yo respondí, “No, mi religión es el Islam”. Desde ese momento me consideraba musulmana de corazón aunque aún no había tomado Shahada.

    Destrozada y entendiendo que ahora tenía que afrontar dos pérdidas; debido a que no solo murió mi bebé, sino también me abandonó el hombre a quien consideraba mi pareja, caí en una gran depresión. No veía el momento de salir de aquella crisis; todo lo veía perdido. Pasaron algunos meses y las cosas seguían igual. Un día, en febrero del 2012, tome mi computadora y decidí entrar a Facebook para ver que había ocurrido durante mi ausencia. En ese entonces, un amigo musulmán que estaba conectado me preguntó cómo estaba. Como yo necesitaba desahogarme, y él era alguien que, como musulmán, veía la vida de una manera diferente, con otro punto de vista, otra cultura y otra religión, le conté todo. Él solo leyó mis palabras de angustia y continuó leyendo hasta la última que escribí.

    Su respuesta fue, “Te mandaré algo que te ayudará”, y así fue como llegó a mis manos mi primera copia del Corán. La primera Sura, o capítulo, que leí fue Al Kauthar, y la aleya que me abrió los ojos fue, “Reza, pues, a tu Señor y sacrifica” (108:2). Fue tras leer esas palabras que entendí el por qué estaba pasando por esos momentos tan dolorosos; tenía que sacrificar algo que no era para mí, algo que tal vez no me haría feliz. Alá ya había escrito mi destino. Comencé a entrar más en el Corán e investigar más y más, hasta que el 2 de mayo de 2012, tomé la decisión de hacer mi Shahada, declarar mi fe en una mezquita en México, D.F.

    Ahora llevo cuatro años de haber entrado al Islam, Allahu akbar, Dios es Grande. Mi vida no acabó con aquella pérdida, al contrario, me fortaleció y encontré mi verdadero amor, Alá, glorificado y alabado sea, y mi verdadera fe. Entendí que para ser feliz hay que hacer sacrificios y dejar todo en las Manos de Dios.

    Me casé con aquel amigo musulmán que me envió el Corán y ahora vivo en Turquía. Llegue aquí en el 2013, a una ciudad llamada Erzurum, donde la gente es más religiosa, conservadora y de buenos sentimientos. Me han ayudado mucho a aumentar mi fe. Asisto cinco veces a la semana a clases de Corán, donde aprendí a recitar en árabe y ahora estoy intentando memorizarlo. Insha’Allah, si Dios me lo permite, pueda regresar a México para compartir mi conocimiento en mi país natal.

    Tome la decisión de aprender a recitar el Corán y posteriormente memorizarlo porque el tiempo que viví el Islam en México había un hermano joven converso que yo pensaba tenía más conocimiento que yo y sin embargo me confundía. Hasta incluso llegó a decirme cosas que eran el contrario de lo que enseñaba la Sunnah, o las tradiciones proféticas, y me decepcioné. Por eso decidí aprender a recitar en árabe y memorizar el Corán para que no me volvieran a sorprender de esa manera y también porque es el deber de todo musulmán aprender el Sagrado Corán y vivir conforme a la Sunnah.

    Como conversa me sentía aún más comprometida a buscar el conocimiento. Si los nacidos musulmanes pueden aprender, yo también puedo. Ser converso no es un pretexto para mí, como tampoco el no haber nacido en un ambiente islámico es un pretexto para no buscar el conocimiento. Desde el momento que hice mi Shahada, para mí fue un compromiso para cambiar mi vida. Quise aceptar todo lo que el Islam abarca y siempre tener la sed de aprender más y más de mi fe, alhamdulillah.

    La vida en Turquía no ha sido fácil ya que he tenido que aprender y cambiar algunas costumbres, pero sobretodo llevar una vida como el Corán y la Sunnah lo dispone. Aquí en Turquía fue donde por primera vez vi una mujer tapando su rostro con un velo y a los hombres con barbas largas y sus tasbih (cuentas) haciendo dhikr (recordando a Dios) a cada momento. También los hombres y las mujeres conviven por separado y el gobierno dedica mucho esfuerzo, amor, y trabajo al mes de Ramadán. En Turquía cuando saben que eres musulmán occidental las personas te admiran y se sorprenden tanto, pero a la vez te brindan su amor y cariño. Considero a Turquía como el país que me abrió las puertas y me adoptó como una hija y donde no me siento excluida ni juzgada por mi religión.

    Recuerdo que en México era señalada por usar el hiyab; era el centro de atención en aquellas calles. Pensé que al llegar a Turquía eso cambiaría pero no fue así. Aquí también soy el centro de atención, pero por ser musulmana latina, alhamdulillah, y eso es hermoso.

    Recientemente, durante una reunión familiar, alguien me preguntó – Después de haberte convertido, ¿Tu vida ha cambiado? ¿Te ha gustado? ¿Cómo describes tu vida ahora? – A lo que yo simplemente respondí: Claro que ha cambiado, y para el bien, alhamdulillah, la vida en el Islam es otra vida.

     

  • Dando una mano para fortalecer las comunidades musulmanas en México

    Dando una mano para fortalecer las comunidades musulmanas en México

    Mientras la mayoría de niños de su edad asisten al colegio, el joven Nurudin pasa una mayor parte de sus días preparando postres para vender en las calles de México D.F. Cada bandeja le toma tres horas para preparar. Cuando los dulces están listos, los deja enfriar para poder envolverlos y venderlos, esperando ganar 15 pesos por cada uno, lo que equivale a 1 dólar. Si le va bien, en un día puede vender 30 postres, ganando unos $30 para ayudar a su padre, quien sufre de problemas del corazón, mantener a su familia. Nurudin y su familia son parte de una creciente minoría de mexicanos que han aceptado el Islam como su religión, y como millones de otras personas en México, la pobreza es su forma de vida.

    Helping Hand for Relief and Development o Mano amiga para la ayuda y el desarrollo (HHRD) es una de las pocas organizaciones no gubernamentales musulmanas enfocando su atención en asistiendo a familias en México con programas de ayuda y desarrollo a largo plazo. Desde el 2012, HHRD ha estado trabajando en varias partes de México para ayudar a las familias más necesitadas con paquetes de alimentos incluyendo comidas que cumplen con las normas de Zabihah y cenas para Ramadán, programas de detección de diabetes, útiles escolares y bolsas de regalos para los niños.

    “Yo no sé si quizás la impresión es que los musulmanes en México son auto-subvencionados y autoportantes, pero esto no es el caso”, dijo el embajador de Libia ante México, Muftah Altayar.

    Según el informe de PEW 2009, el número de musulmanes en México es aproximadamente 110.000, lo que representa menos del uno por ciento de la población total. Sin embargo, por la misericordia de Alá y luego los esfuerzos de divulgación de ambos musulmanes mexicanos e inmigrantes, el Islam en México está creciendo.

    “Alhamdulilah, en México es muy fácil hablar en las universidades y las escuelas secundarias. Nos invitan a hablar acerca del Islam porque la gente realmente quieren aprender de los musulmanes “, dijo Imam Isa Rojas, el primer graduado mexicano de la Universidad Islámica de Medina, fundador del Centro Al-Hikmah en la Ciudad de México, y un activo llamador al Islam en México. “La gente quiere conocer el Islam, ya que no tienen una opinión negativa de los musulmanes como lo tienen las personas en Europa o tal vez en los Estados Unidos.”

    La Ciudad de México, la bulliciosa capital situada en el centro del país, cuenta con más de 3.000 musulmanes que viven dentro de sus fronteras, muchos de los cuales son conversos. En la región Sureste de México se encuentra el Estado Libre y Soberano de Chiapas. Es una tierra fértil y culturalmente abundante con aproximadamente 100 a 300 conversos musulmanes mexicanos que han establecido una pequeña pero creciente comunidad islámica en la ciudad San Cristóbal de las Casas. Sin embargo, muchos de los hermanos y hermanas en esta área luchan para obtener necesidades básicas como la estabilidad laboral, educación y asistencia médica.

    Durante su visita a Chiapas este año pasado, los voluntarios de HHRD pudieron recorrer la comunidad, dirigidos por el hermano Yahya Gómez, uno de los muchos conversos al Islam mexicanos y activistas en la ciudad de San Cristóbal de las Casas. La mayoría de los hogares eran simples estructuras con paredes de madera y techos de chapa, hechos para albergar a sólo unas pocas personas. Sin embargo, es común ver a familias con 15 parientes o más viviendo juntos en un mismo espacio. Los hombres de la comunidad sólo pueden conseguir trabajo como obreros, si son capaces de encontrar empleo.

    “Está en muy mal estado. Hay algunas familias que viven en una misma casa. Es más como un refugio temporal; Yo ni puedo decir que es una casa. Necesita una renovación… Creo que necesitan una nueva casa en su lugar “, dijo el Director del Programa Internacional HHRD, Irfan Khurshid, mientras observaba las pésimas condiciones de vida.

    Por tan sólo $ 27.000 por cada casa el Proyecto de Construcción y Renovación de Hogares de HHRD puede permitir que las viviendas actuales en San Cristóbal de las Casas sean remodeladas o completamente reconstruidas para proporcionar un lugar más espacioso y seguro para que las familias crezcan. Esto incluye los costos de toda la tubería necesaria, electricidad y construcción. Algunas casas serán incluso totalmente reconstruidas en vecindarios más seguros cerca de la mezquita local.

    Para contribuir aún más a las familias musulmanas en Chiapas, HHRD está implementando una iniciativa de Micro Finanzas que proporcionará préstamos para pequeñas empresas sin intereses a los individuos con la ambición de tener su propio negocio y ser autosuficientes. Con pequeñas donaciones que van desde $ 1.500 a $ 4.000, los participantes en el programa pueden aprender un oficio y comenzar a operar sus propios negocios en las áreas de carpintería, costura, panadería, y mecánica automotriz para ayudar a aliviarlos y a sus familias de la pobreza.

    “Este proyecto de financiamiento microempresas es tan sorprendente, ya que toma una simple donación, alguien puede dar $ 1.000 o $ 2.000 para ayudar a un musulmán poner en marcha una empresa” dijo Boonaa Mohammed, un voluntario que viajó recientemente con HHRD a Chiapas. “Va a tomar ese dinero y les permite comprar lo que sea necesario, las herramientas necesarias para el oficio específico. Se les dará lo mínimo. Y luego, una vez que hayan logrado tener éxito en su oficio y tienen ese dinero, dan de nuevo a la caridad, que luego da de vuelta a otro musulmán que quiere, una vez más, demostrar su valía a través de un comercio. “

    HHRD también está en el proceso de establecer un Centro de Entrenamiento Vocacional en San Cristóbal de las Casas para ayudar a los desempleados a obtener la educación y la capacitación necesaria para obtener fuentes de ingresos estables y licitos.

    “En este centro les podemos enseñar diferentes habilidades y ellos pueden aprender un oficio para que puedan iniciar su propio negocio o encontrar diferentes puestos de trabajo”, dijo Khurshid. “Esto les ayudará económicamente y les ayudará a educar a sus hijos, porque muchos de los niños de estas familias de bajos ingresos y desempleados no han tenido acceso a una buena educación.”

    Además de estos grandes proyectos de desarrollo a gran escala, HHRD también está en el proceso de iniciar un programa de donaciones en especie para proveer las necesidades inmediatas a las familias en San Cristóbal de las Casas, Rosarito, y la Ciudad de México, así como un Programa de Apoyo a la Educación donde los donantes pueden apadrinar a un niño por sólo $ 1 al día para ayudar a proporcionarles el material escolar que necesiten.

    “Muchas veces, en Norteamérica, cuando miramos a conversos, hay tantas dificultades que tienen para integrarse en nuestras comunidades musulmanas”, dijo Mohammed. “Ahora imagina una comunidad de conversos que tratan de integrarse en una sociedad no musulmana que no tiene una base sólida del Islam para apoyarlos. Es imperativo que ofrezcamos nuestro apoyo en todo lo que podamos sabiendo que quien da por la causa de Alá, glorificado y alabado sea, su caridad no se desperdiciará”.

    Para involucrarse en los programas de HHRD en México, visite su página www.hhrd.org, contacte info@hhrd.org, o llame 1-888-808-HELP (4357).

     

  • Combatiendo la violencia domestica como musulmana

    Combatiendo la violencia domestica como musulmana

    La violencia hacia las mujeres debería ser un tema que nos preocupe a todas y a todos, sin embargo parece ser que pocas y pocos estamos interesados.

    Una de cada tres mujeres en el mundo es golpeada o sometida a algún otro tipo de abusos a lo largo de su vida. Según informes de la Organización Mundial de la Salud, el 70 % de las mujeres que son víctimas de asesinato mueren a manos de su compañero o ex pareja.

    La violencia contra las mujeres está presente en todas las sociedades del mundo, sea cual sea su sistema político o económico, sin importar el estatus de la mujer, sus estudios, color de piel, situación económica, cultura, ni religión. Esta realidad cotidiana se manifiesta de diferentes maneras y tiene lugar en múltiples espacios, y por supuesto, mi país, México, no es la excepción.

    En México la violencia contra la mujer es un problema social que se esconde en los hogares. Muchas de las mujeres víctimas de la violencia doméstica viven con el enemigo en casa, amenazadas cada día.

    Soy Psicóloga y trabajo en una institución en la que se les da apoyo psicológico a mujeres que han sido víctimas de violencia familiar. Cada día escucho historias de mujeres que hablan sobre cómo sus esposos las golpean, las amenazan, les son infieles, las insultan y penosamente también algunas han muerto en el intento de salir de la violencia. Esta es una realidad latente de la que muchas y muchos prefieren no hablar.

    Mi trabajo es un reto en mi vida, alhamdulillah; es lo que amo hacer. Me siento muy bendecida por tener la oportunidad de escuchar a mujeres que ponen en mis manos la esperanza de salir de un problema que afecta sus vidas y las de sus hijos.

    Soy musulmana, soy mexicana y defiendo los derechos de la mujer. Esto puede ser una sorpresa para muchas mujeres que entran a mi consultorio; algunas hasta lo consideran incongruente. – ¿Que nos es contradictorio? – Me preguntó una mujer – ¿Cómo una mujer que lleva la cabeza cubierta por sometimiento (refiriéndose a mi hiyab), me va a decir a mí cómo puedo salir de la violencia en la que vivo, cuando ella no puede salir de su propio sometimiento? – Yo sonreí. Mi hiyab es mi herramienta principal de dawah.

    De hecho, fue mi inconformidad y sentimiento de injusticia sobre la violencia hacia las mujeres lo que me acercó al Islam. Tuve mi propia visión errónea acerca de la situación de las musulmanas que ahora veo reflejada en la cara de muchas de mis pacientes cuando me ven por primera vez; algunas expresan su sorpresa, otras aunque no digan nada, solamente es necesario ver sus caras de asombro o hasta de susto.

    Podría decir que me veo a mí misma en algunas de ellas cuando conocí por primera vez a mujeres musulmanas sonriendo y libres, cuando me hablaron sobre el valor de la mujer en el Islam, cuando leí sobre los derechos de las mujeres en el Islam. Yo me preguntaba – ¿Esto es posible? – queriendo entender. Por eso es que disfruto tanto intentando explicarles un poco con mis palabras y otro poco con mis actitudes, sobre el por qué soy musulmana.

    El Islam vino a complementar mi vida; me ayudó a entender mejor mi trabajo, me ayudó a entender mi valor como mujer. Es ahora que lo entiendo, sé mi valor. Pues lo que lleva a los hombres a tratar mal a las mujeres es ignorar el valor de la mujer. Un hombre que ignora el valor que Dios le da a la mujer, ignora el Islam.

     

  • De Mexico a Medina: La Historia de Rafael

    De Mexico a Medina: La Historia de Rafael

    Mi interés en el islam nació cuando apenas tenía 17 años. Comencé a leer el Corán en español desde mi computadora y lo termine completamente, alhamdulillah. Aunque inicialmente mi intención era común, simplemente por leerlo sin interés en particular, desde el principio supe que no se trataba de un libro común y corriente como cualquier otro que había leído antes. Pues desde la primera página se hacían agradecimientos y se engrandecía a Dios de una manera especial y distinta a lo que yo estaba familiarizado. Seguía leyendo y tenía una sensación extraña, sin afán de exagerar sentía mucha paz y tranquilidad cuando me sentaba frente a mi computadora a leerlo, contemplando verso por verso.

    Siempre me ha gustado la ciencia, y me impresionó que muchos hechos demostrados científicamente en los últimos siglos aparecieran en el Corán. Hechos como la teoría del Big Bang, la expansión del universo, la composición de la tierra y del espacio, los procesos embrionarios, entre muchos otros; los identifiqué y me asombró que estaban descritos de una manera entendible para cualquier persona con cualquier nivel de educación. Además, encontré al Corán completo en cuanto a regulaciones familiares, sociales, militares, en asuntos de justicia, de creencia, de modales… en fin, de todo. Entonces no demoré prácticamente nada en aceptar que el Corán no era sino revelación divina y decidí aceptar el Islam.

    En un día feriado de mi país, que luego me enteré coincidía con la noche número 27 de Ramadán, tomé la bicicleta de mi padre para ir al lugar donde los musulmanes de mi ciudad se reunían. Aunque estaba lejos de mi casa y tuve que pasar por lugares peligrosos para llegar hasta allá, todo resultó perfecto. Hice mi Shahada (el testimonio de la fe) y me trataron de manera excelente. Me regalaron un tapete para rezar y libros. Todo lo escondí bajo mi playera para que mis padres no supieran cuando llegué, luego de media noche. Mi familia, que es católica, no supo de mi conversión al Islam hasta un par de años después, pues escondía signos de mi cambio. Sin embargo ya notaban algunas diferencias en mí, como cuando me escondía a ciertas horas para rezar mis cinco oraciones y no comía ni tomaba todo lo que ellos preparaban.

    Después de mi Shahada, he sido muy bendecido, y noto que ciertamente Alá es Quien escucha las súplicas, pues cada una de las cosas por las que llego a quejarme, o que necesito, recibo más de lo necesario desde que pongo mis asuntos en manos de Alá.

    Alhamdulilah, tuve la oportunidad de asistir a la Universidad Islámica de Medina en Arabia Saudita, donde estudié por alrededor de 1 año. Pude aprender a leer el Corán en árabe, y aprendí un poco del idioma cuando había llegado sin saber si quiera las letras del alfabeto árabe. Allí conocí excelentes personas quienes exhortan e invitan al bien y a practicar el Islam de la mejor manera cada vez. Además del conocimiento que uno obtiene, que realmente es invaluable, recibí la herencia de los profetas, la motivación para enseñar a los demás acerca del Islam.

    También tuve la ventaja de conocer bonitos lugares. El simple hecho de visitar una mezquita ya era de gran valor para mí, pues en mi ciudad no contamos con ninguna. Y ¿qué mejor que llegar a la ciudad que acogió a nuestro amado Profeta Muhammad, que la paz sea con él, y después tener la posibilidad de realizar el Hajj (la peregrinación)? Es algo inolvidable que espero todos tengamos la oportunidad de hacer. Aconsejo a todos francamente que se esfuercen para ir, especialmente aquellos que desestiman esta obligación del musulmán. Ir a la Meca y realizar el Hajj, te cambia la vida.

    Tuve que regresar de Medina por motivos familiares, y aunque debo reconocer que eso me entristeció, a los pocos meses Allah me concedió poder tener matrimonio con una excelente mujer con quien soy feliz y me siento orgulloso de compartir mis momentos.

    Actualmente el Islam en mi ciudad, Guadalajara, continúa creciendo aunque lentamente. Puede decirse que cada mes hay nuevos(as) musulmanes(as). Tenemos menos de 5 musalas (salas para rezar), pero generalmente la gente no nos molesta si rezamos en público o invitamos a las personas al Islam abiertamente. Podría decir que es más el interés y la curiosidad que los acosos y malos comentarios. Sin embargo, es un triste hecho que las mujeres son las más propensas al maltrato de la gente.

    Insha’Allah, la situación de los musulmanes mejore en todo el mundo. Sin embargo antes tenemos que estar conscientes que el cambio debe darse primero de nuestra parte, teniendo buenas intenciones, haciendo e invitando hacia al bien, y reprobando el mal. Para esto, no hay algo mejor que buscando el conocimiento en el Sagrado Corán, o revisando la vida ejemplar de nuestro Profeta, que Allah le conceda la paz y las bendiciones.

     

  • La paz que faltaba

    La paz que faltaba

    Mi camino hacia el Islam ha tomado muchos giros y vueltas a lo largo de Latinoamérica y aquí en los Estados Unidos, donde finalmente me convertí en musulmán. Mis padres son de Chile. Eran refugiados políticos exiliados a México por ser socialistas. En los años 70, ser un socialista en América Latina era sinónimo de ser un rebelde. No había muchas opciones en ese momento; eras de la izquierda o eras de la derecha. En 1973, Chile sufrió uno de los más crueles golpes de estado que la humanidad jamás había visto. Mi padre fue encarcelado y torturado antes de ser exiliado. Unos meses después conoció a mi madre, que era también una refugiada política chilena. En 1976, yo nací en la Ciudad de México. Mis padres, mi hermana y yo vivimos relativamente felices como una típica familia mexicana de clase media, excepto por una cosa: mis padres eran agnósticos. No ser católico en México era casi impensable.

    En 1989, cuando la democracia fue reestablecida en Chile, mis padres decidieron regresar. En ese tiempo tenía 12 años de edad. Chile es un país pequeño dominado por una de las iglesias más conservadoras del mundo. Como en México, crecí rodeado de mensajes católicos en la radio, en la televisión, y en las calles. En mi propia inocencia, siempre me había gustado la idea de Dios, de un solo Dios, pero eso no era lo que estaba presenciando. ¿Cómo podría un chico de una familia agnóstica siempre creer en Dios? En mi casa ese asunto nunca fue un tema de conversación. “La religión es el opio de las masas”, mi padre solía decir. Sin embargo, con los años, mi deseo por una conexión espiritual siguió aumentando.

    Cuando era adolescente, fui expuesto a la Capoeira, una danza brasileña y arte marcial, durante unas vacaciones con mis padres en Brasil. En Chile, comencé a tomar clases de Capoeira que ayudaron a llenar el vacío de mi espiritualidad carente. En el año 2000, fui aceptado a la facultad de negocios en Chile y también estudié Capoeira todos los días. Mi vida se volvió muy ocupada, “demasiado ocupada” para la religión.

    En 2003, conocí a mi esposa, una hermosa mujer estadounidense que estaba enseñando Inglés en Santiago, Chile. Ella venía de una familia católica y por lo tanto me acercó más a la religión. En 2005, me trasladé a los EE.UU. y en el 2006 nos casamos en una iglesia católica en Richmond, Virginia. En 2008, abrí mi propio estudio para enseñar diversos estilos de artes marciales, el ejercicio y el baile. Ese mismo año, mi primera hija, Priya, nació, y en 2010 me convertí en propietario de una casa. En un período de sólo cinco años había logrado el “sueño americano”, cosas que algunas personas no logran en toda su vida. Sin embargo, aún algo faltaba.

    El 2012 fue uno de los años más difíciles de mi vida. Mi arrogancia me llevó a romper mi tendón rotuliano y tardé casi un año en recuperarme. Ese mismo año, mi segunda hija, Mireya, nació. En 2013, comencé mi búsqueda espiritual. Empecé a investigar la religión yoruba, la santería, pero no me sentí identificado con ella.

    En diciembre de 2014, pasé la Navidad con mi familia en Chile. Después de la cena de Navidad fui a mi habitación a dormir, pero quedé despierto sentado en mi cama. Los recuerdos de mi adolescencia y mi juventud vinieron a mí y comencé a llorar. Llore mucho. No recuerdo por cuánto tiempo, tal vez cinco o 10 minutos, pero recuerdo poniendo mis rodillas en el suelo y los brazos en una posición de súplica. Y me quedé allí, preguntando, pidiendo realmente, a Dios que me guiara y me ayudara a acercarme a Él. Después de eso, encendí la televisión y mostraban un programa sobre la vida de Jesús. Una gran cantidad de preguntas vinieron a la mente como, “¿Será él Dios”? Entonces busqué en Google la palabra “Jesús” y de alguna manera aterricé en una página de discutiendo Jesús y el Islam. Entonces investigué las palabras “Islam” y “Profeta Muhammad”. Al final, no pude dormir hasta las 5 o 6 de la mañana.

    Alrededor de las 11 de la mañana, me desperté. Mi madre me dijo que debí haber estado cansado por lo mucho que había dormido. Le dije entonces que yo quería convertirme en musulmán pero ella no me creyó. Cuando llegué a los Estados Unidos de nuevo, llamé a un amigo musulmán para ver si me podía llevar a una mezquita. Allí, sentí tanta paz y armonía. Luego, otro amigo, que es de Turquía, me ayudó a tomar mi Shahada, el testimonio de la fe. También conocí a un hermano de Gambia, un estudiante en mi estudio, que me ayudó a visitar diferentes mezquitas y reunirme con algunos imanes. Al llegar el mes de Ramadán, me di cuenta que estaba rodeado por una buena comunidad de hermanos para ayudarme en mi camino.

    Mi esposa ha sido un gran apoyo para mí. Hemos estado casados ya por 10 años. Me considero una persona impulsiva y solía enfadarme con ella por cosas insignificantes. Pero ahora trato de recordar este hadiz: “El hombre fuerte no es quien sabe luchar; el hombre fuerte es aquel que puede controlarse a sí mismo en un momento de ira”. (Sahih Bujari, Libro 73, #135)

  • El Coran abrio mi corazon

    El Coran abrio mi corazon

    Mi nombre es Margarita Aguirre y soy de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México. Nací en el seno de una familia católica practicante. Recuerdo que cuando estaba en la preparatoria tuve mi primer acercamiento al Islam sin darme cuenta. En el periódico mural de mi preparatoria expusieron un “poema” que me llamó la atención. Recuerdo que lo anote en mi libreta favorita de poemas porque me encanto. En la parte inferior del poema decía simplemente: “El Corán”. Pensé que este era un libro de poemas, y por lo tanto no busque más información.

    Pasaron los años y nuevamente me vi cara a cara con el Corán. En mi profesión como maestra y hasta ahora me apasiona mucho todo lo que tenga que ver con la historia. Fue así que leyendo libros de historia conocí las tantas religiones del mundo, y entre ellas el Islam. Un día organicé para mis alumnos una clase tratando sobre las distintas religiones del mundo. Durante la clase volví a revisar la palabra “Corán” en los libros de historia. En ese momento comprendí que este libro no era uno de poesías, sino más bien un libro que leen los musulmanes igual como los cristianos leen la Biblia.

    Fue una sorpresa muy grande para mí porque pensé que la Biblia era el único libro de Dios. Recuerdo que al terminar esa jornada de trabajo llegue a mi casa buscando aquello que había escrito durante la preparatoria y lo encontré. En ese momento quise saber más sobre el Islam. Ese fue el acercamiento más impactante, porque después comenzó mi búsqueda para información acerca de los musulmanes y el Islam. En realidad no había tenido un buen concepto del Islam pero quise indagar y darme cuenta por mí misma lo que era esa religión y por qué los musulmanes también contaban con un libro de Dios.

    Pensé que debía aumentar mi conocimiento de la religión y busque por el internet una página que hablara acerca del Islam. Las publicaciones de esa página me gustaban mucho, y así comencé a aprender. El administrador de la página me explicó ampliamente sobre la religión y despejó todas mis dudas. Yo como buena investigadora seguía corroborando lo que me decía el hermano de la página pero por mi propia cuenta, hasta que un día decidí bajar el Corán en forma electrónica.

    Al inicio, este Corán contenía la biografía del Profeta Muhammad, que la paz sea con él, y me impresionó, pues encontré una buena base para conocer quien había fundado el Islam. Recuerdo que cuando comencé a leer los versos del Corán mi corazón sintió que esas eran las palabras de Dios; que estaba leyendo las mismísimas palabras de Alá.

    Me sentí tan conmovida que no pude resistir más la verdad que mi corazón había reconocido. Esta hermosa religión que ha cambiado mi vida, es una fuente de bienestar y alegría para el corazón. Pues Dios en su grande sabiduría nos dejó todo el conocimiento que necesitamos a través del Sagrado Corán y la Sunnah de nuestro Profeta Muhammad, que la paz sea con él. Más importante aún es que fue en esta religión que realmente conocí la unicidad de Dios, Todopoderoso, y aprendí cómo amarlo como un Dios Único. Así me sentí completa y pude entender tantas cosas. El Islam perfeccionó mi alma y mis sentimientos y todas mis dudas quedaron resueltas, ¡Alhamdulillah! Y como Alá nos dice en el Sagrado Corán: “Esta es la escritura, exenta de dudas, como dirección para los temerosos de Alá” (El Coran, 2:2).

    Mi primer Ramadán fue de entrega total a mi Dios. Me sentía muy emocionada; para ese tiempo habían pasado dos meses desde que me convertí al Islam. Había declarado mi Shahada, o testimonio de fe, a larga distancia con un hermano Marroquí, porque no conocía ningunos musulmanes mexicanos. Luego busque una comunidad musulmana en mi ciudad y para mi gran sorpresa, encontré otros musulmanes en Guadalajara. ¡Yo hasta había pensado que era la única en México! Pude hacer el Shahada nuevamente con mis hermanas musulmanas en la mezquita. Alhamdulillah, pase un Ramadán hermoso, siguiendo todo lo establecido en el cumplimiento del ayuno, no solamente dejando el alimento durante el horario prescrito, sino también todo lo que afectara el alma como las malas conductas y acciones.

    Doy gracias a Dios que me haya dado la guía del Islam como religión y estilo de vida, pues nunca me había sentido tan feliz, Alhamdulillah.

     

  • Una Nueva Traduccion del Sagrado Coran al Idioma Espanol

    Una Nueva Traduccion del Sagrado Coran al Idioma Espanol

    Se despertó en mí el interés de hacer una traducción del Sagrado Corán que se preocupara me-nos por parecer árabe o por intentar imitar la calidad literaria del texto original, y estuviera pen-sada más en transmitir de forma correcta y directa todos aquellos significados, profundos y espi-rituales, pero también de un gran orden social, que había comprendido al leerlo y estudiarlo en su idioma original.

    –Isa García

    Un poco de historia

    Cuando acepté el Islam y lo asumí como forma de vida, estaba sediento de saber, quería conocer lo mejor posible la fuente primera del conocimiento, la revelación divina: el Sagrado Corán. Sabía desde el principio que el Corán fue revelado en árabe, y que este texto es original: ha sido pre-servado y mantenido intacto a lo largo de más de 14 siglos. Pero al no saber árabe, tuve que re-mitirme a diferentes traducciones que se han hecho al español.

    Lo que encontré llegó en ocasiones a decepcionarme, pues el texto aparecía muchas veces con-fuso o incongruente.

    Comprendí que esto se debía, principalmente, a dos factores. El primero, que muchas traduccio-nes han sido elaboradas por personas que no tenían el suficiente conocimiento del Islam, su mensaje y su historia, y que por ello confundían conceptos o incluso, en algunos casos de forma premeditada, trastocaban los sentidos para desacreditar al Islam y su libro sagrado.

    El segundo, que en su mayoría las traducciones son demasiado literalistas, imitan el estilo árabe en la traducción, no solamente en la expresión del significado sino en el orden mismo de las pa-labras, de modo que no se apegan a la gramática del español y por ello resultan confusas. A esto debe agregársele que algunas de las traducciones al español utilizan un lenguaje antiguo y lejano al que solemos utilizar en el continente americano, y que a la vez carecen en su mayoría de notas aclarativas sobre el contexto histórico o las implicaciones legales.

    Más tarde, cuando tuve la oportunidad de estudiar el idioma árabe y acceder a los significados del Sagrado Corán en su idioma original, comprendí que en la traducción me había perdido de mucho. Si bien es cierto que ninguna traducción podrá jamás acercarse a la belleza narrativa, poética y retórica del Corán, ni reproducir a la vez su sonoridad y las múltiples formas en que puede ser recitado, también es cierto que las traducciones, unas más que otras, fallan en trans-mitirle al lector la verdadera esencia del mensaje coránico.

    Esto despertó en mí el interés de hacer una traducción del Sagrado Corán que se preocupara menos por parecer árabe o por intentar imitar la calidad literaria del texto original, y estuviera pensada más en transmitir de forma correcta y directa todos aquellos significados, profundos y espirituales, pero también de un gran orden social, que había comprendido al leerlo y estudiarlo en su idioma original.

    Gracias a Dios pude por fin embarcarme en una traducción del Sagrado Corán pensada para la población hispanoparlante del mundo, pero principalmente para el público latinoamericano. Jun-to con un equipo de colaboradores expertos, he procurado poner al alcance de musulmanes y de no musulmanes, el mensaje del Islam de la forma más cercana posible a la revelación original en idioma árabe, pero utilizando a la vez un lenguaje sencillo y explicaciones claras de los términos, de manera que el contenido del texto resulte fácil de comprender.

    Antecedentes

    Si bien el Islam no es hoy día una de las religiones con mayor número de fieles en América Latina, se está expandiendo rápidamente por todo el continente. Ya existen mezquitas en todas las ca-pitales y ciudades importantes de Hispanoamérica y también está creciendo mucho entre la po-blación latina de Estados Unidos.

    Teniendo en cuenta la mala imagen que proyectan los medios de comunicación del Islam y de los musulmanes, contar con una traducción del Corán al idioma español que transmita de forma di-recta y sencilla el verdadero mensaje del Islam, cada vez se hace más importante y urgente por dos razones:

    Primera, porque los musulmanes que no conocen el idioma árabe necesitan leer los significados del Corán en su idioma para comprender y practicar mejor su religión, y así ser buen ejemplo de lo que es realmente un musulmán.

    Segunda, porque los no musulmanes que desean conocer el Islam necesitan tener una fuente confiable de información, que les permita formarse una opinión basada en lo que enseña real-mente el Corán, y no en estereotipos y concepciones erróneas que han permanecido durante siglos en muchas obras de orientalistas y en algunas de las traducciones del Corán.

    De ahí que el objetivo de esta traducción es presentar a los hispanoparlantes el verdadero men-saje del Corán, tal como ha sido conocido, entendido y practicado por los eruditos del Islam y por los musulmanes devotos durante más de 1.400 años, para ello se basa en un lenguaje claro, sen-cillo, directo y actual, pensando en el público latinoamericano.

    Distribución de copias impresas y versión digital

    El objetivo de esta traducción es su distribución gratuita para que de esta manera llegue al máxi-mo público posible.

    Para conseguir este objetivo se ha distribuido una versión digital en formato PDF, se ha agregado a distintas aplicaciones con múltiples traducciones y en breve saldrá una aplicación propia para lectura y audio.

    También se han hecho múltiples impresiones para su distribución gratuita. La primera de ellas fue de 50.000 copias de tamaño bolsillo para distribuir durante la Copa Mundial de Futbol en Brasil 2014.

    También se imprimieron 100.000 copias en Qatar para distribuir a nivel mundial, y en América La-tina se han hecho pequeñas impresiones en países como Bolivia, Colombia, Guatemala y México. En España ha comenzado un proyecto de distribución para el que ya han impreso 10.000 copias.

    Creo que es necesario que los musulmanes se unan y colaboren en la impresión de esta traduc-ción con el objetivo de acercar el mensaje del Islam a los musulmanes y no musulmanes.

    Sobre el traductor

    Isa García nació en Argentina, es licenciado en Lengua Árabe y en Teología Islámica de la Univer-sidad de Umm Al-Qura de la ciudad de La Meca en Arabia Saudí, especializado en la misma en los “Orígenes de las tradiciones Proféticas”. Cursó estudios en mediación y resolución de conflictos en Estados Unidos. Ha sido director del departamento de español en las editoriales International Islamic Publishing House y Darussalam, y de diferentes páginas web islámicas. Permanentemen-te dicta conferencias en diferentes países de América Latina y Europa, y en Estados Unidos. Ha trabajado como traductor del árabe y del inglés al español durante los últimos 15 años, y es tam-bién autor de obras sobre teología islámica y distintos temas sociales que afectan a la comunidad islámica. Fue nombrado por la revista The Muslim 500 como uno de los musulmanes más influ-yentes del mundo en los años 2013 y 2014.

  • Una Mision de Amor

    Una Mision de Amor

    A medida que inicié mi viaje más importante de Dawah a México, me puse a reflexionar y pensar en mis últimas tres misiones de divulgación. “¿Por qué era este el más importante?”, Me pregunté a mí misma, siendo que estaba viajando con menos equipaje y sola. Sin embargo, la respuesta era que iba para llamar a mi abuelita al Islam, mientras se encontraba en su lecho de muerte, y no sería algo fácil. Ver a mi familia angustiada y sentimental sería difícil, también. Hice este viaje en exclusiva para ella, para mi abuelita. Ella pidió verme y yo tomé esta solicitud como mi última oportunidad para transmitir el mensaje del Islam a ella. Mientras estaba volando sobre el Golfo de México le supliqué al Todopoderoso que abriera su corazón e hiciera que sus últimas palabras sean las mejores palabras, las palabras de Tauhid.

    Ha sido bastante tiempo desde que soy musulmana y he pasado por varias pruebas pero esta era la primera vez que Alá me estaba probando con la muerte. La muerte siempre parece estar tan lejos hasta que lo estás presenciando realmente. Para una conversa, la muerte es aún más aterradora y una de nuestras peores pesadillas. La idea de perder a un familiar me recuerda a nuestro amado Profeta Muhammad, la paz sea con él, cuando intentó llamar a su tío, Abu Talib, al Islam sin éxito.

    Hoy estoy experimentando esto con la posibilidad de perder a mi abuela quien me acogió desde los 3 meses hasta los 5 años. Durante visitas previas, nos habíamos sentado a conversar pero debido a su edad, siempre terminaba la conversación para evitar molestarla. He suplicado muchísimo, pidiéndole a mi Creador que me ayude con las mejores palabras para decirle. Como dije anteriormente, este viaje era diferente porque no llevaba 10, 11, o 12 maletas llenas de donaciones para los musulmanes de México, ni iba con un grupo de voluntarios. En el pasado, visitaba a mi familia por algunos días antes de visitar a las comunidades musulmanas para proporcionarles materiales islámicos, para dar una lectura o para ayudar a restaurar una mezquita. Sin embargo, me sentí más bendecida en poder compartir una conversación privada con este ser tan maravilloso quien me cuidó incondicionalmente.

    Al llegar, rompí en llanto viéndola tan débil, delgada y con oxígeno; como mínimo fue devastador. Una tía me aconsejó que saliera y me lavara la cara porque mi abuelita me necesitaba fuerte y no llorando. Cuando regresé al cuarto me fije en una pintura de la Virgen de Guadalupe, una imagen de María, la madre de Jesús, que es venerada e incluso adorada en México, y claro, me incomodó un poco porque la consideraba un obstáculo para mi misión.

    Mi abuela se despertó y al ver que yo estaba allí, ella sonrió y me pidió que me acercara. La abracé como siempre, apretándola con todas mis fuerzas. Ella gritó y dijo: “¡Tú me vas a romper!” Nos reímos y nos contemplamos la una a la otra. Yo le dije que la amaba y que todo iba a estar bien. Ella preguntó por mi hijo y le dije que estaba bien y en la escuela. Le dije, “Estoy aquí para ti, para cuidarte sin interrupciones, sólo tú y yo”.

    Mi visita fue corta pero pareció larga debido a los momentos agradables que pasamos juntas. Yo tuve la oportunidad de darle de comer, bañarle y durante todo tuvimos varias conversaciones acerca de la unicidad de Dios. Una hermana de la comunidad de la Ciudad de México llamada Nabíla se unió a mí para ofrecer su apoyo, el mejor regalo que Dios me envió, mashaAllah. Con su ayuda, pudimos hablar con ella y el resto de mi familia sobre el Islam. También durante su visita dimos Shahada a una joven local que se encontró con ella en el autobús de camino a verme. Al tercer día de mi visita, mientras la hermana Nabíla y yo salimos, el retrato de la Virgen de Guadalupe había sido retirado de la pared.

    La última noche que pasé al lado de mi abuelita le pregunté si creía en Dios como el Todopoderoso y el único Creador y ella me respondió que sí. Le pregunté: “¿Quién es Jesús?” Ella respondió: “Un mensajero de Dios”. Le pregunté si ella cree que él es el hijo de Dios, a lo que ella respondió que no. Trate de introducir la segunda parte del testimonio de la fe, pero ella se sintió abrumada. Me pidió que dejara las cosas así, ya que nunca había oído hablar del Profeta Muhammad, la paz sea con él. Al regresar a los Estados Unidos le comenté al imam local del incidente y él me informó que debido a su edad avanzada (104 años) y condición, fue suficiente, y Alá sabe mejor.

    Hoy me siento aquí muy agradecida por la oportunidad de completar esta misión y la oportunidad de ver a mi abuela por diferentes motivos. Fue maravilloso pasar tiempo con ella a pesar de que extrañe mucho a mi hijo, ya que nunca había estado lejos de él. Tampoco había visto a toda mi familia tan unida y dispuesta a escuchar lo que tenía que decir. Todos hicieron muchas preguntas y, por primera vez, después de todos estos años, sentí su aceptación y amor. Le pido a Dios que guíe nuestras familias, que nos dé la sabiduría para transmitir el hermoso mensaje del Islam, que los colme con la misma dulzura que hemos sido bendecidos y que nos permita vernos tanto en esta vida como la siguiente. Amen.

  • A Mission of Love

    A Mission of Love

    As I embarked on my most important dawah trip to Mexico, I began to reflect and think of my past three outreach missions. “Why was this the most important?” I asked myself, “I am traveling with the least amount of luggage and alone.” The answer was that I was going in order to call my elderly grandmother to Islam, while she lay on her deathbed, and it would not be easy. Seeing my family in distress and emotional would be hard, as well. I booked this trip exclusively for her, my “Abuelita,” my grandma. She requested to see me, and I took this request as my last opportunity to convey the message of Islam to her. As I was flying over the Gulf a Mexico I prayed for the Almighty to open her heart and make her last words be the best words, words of tawheed.

    It’s been quite some time since I became Muslim and I have been tested in various ways but this was the first time Allah was testing me with death. Death always seems so distant until you are actually experiencing it. As a convert, death is even more frightening, and one of our biggest challenges is losing a family member who does not embrace Islam. I am reminded of our beloved Prophet, peace be upon him, when he called his uncle, Abu Talib, to Islam, but to no avail.

    Today I am experiencing this with the possibility of losing my grandmother who took care of me from the tender age of 3 months until I was almost 5 years old. In previous visits we sat and had several conversations but due to her age I have always dropped the conversation to avoid upsetting her. I have made tons of du’a and asked my Creator to help me with the best words to say to her. Again, this trip was different because I was not carrying 10, 11, or 12 pieces of luggage full of donations for the Muslims in Mexico, nor did I have a group of volunteers. In the past I would come to visit my family a couple of days at a time before visiting Muslim communities to either provide them with Islamic material, give a talk, or help restore/rebuild a masjid. However, I feel more blessed to be able to have a one-on-one conversation with this wonderful woman who unconditionally cared for me.

    Upon my arrival, I broke down so see her so weak, thin and with oxygen; it was devastating to say the least. I was advised by an aunt to step out, wash my face, and come back. She told me that she needed me to be strong and not crying, so I did just that. When I came back to the room I noticed a huge poster of the virgin of Guadalupe, a depiction of Mary, the mother of Jesus, that is revered and even worshipped in Mexico, and of course, I was a bit bothered by it because I saw it as an obstacle to my mission.

    My grandmother woke up and when she saw that I was there, she smiled and asked me to come close. I hugged her as always, so tight and with all my might. She yelled and said, “You are going to break me!” We both laughed and gazed at each other. I told her I love her and that everything was going to be okay. She asked about my son and I told her he was fine and at school. I told her, “I am here for you, to care for you without interruptions, just me and you.”

    My visit was short but seemed long because of the quality time we spent together. I got a chance to feed her, bathe her and throughout all that we had several conversations about the oneness of God. A sister from the Mexico City community named Nabila joined me to offer her support, the best gift Allah sent my way, mashaAllah. With her help, we were able to speak to her and the rest of my family about Islam. Also during her visit we gave Shahada to a local young girl whom she ran into on the bus on her way to see me. By the third day of my stay, while Sister Nabila and I had stepped out, the poster of the virgin of Guadalupe had been removed from the wall.

    The last night I spent by my grandmother’s side I asked her if she believed in God as the Almighty and sole Creator and she said yes. I asked her, “Who is Jesus?” She replied, “A messenger of God.” I asked if she believed he is the son of God, to which she replied no. We tried covering the second part of the testimony of faith but she was overwhelmed. She asked me to leave it at that, since she had never heard of the Prophet Muhammad, peace be upon him. Upon returning to the States I asked the local imam about the incident and he informed me that due to her advanced age (104) and condition, it was enough and Allah knows best.

    Today I sit here so grateful for the opportunity to complete this mission and the opportunity to see my grandmother on different grounds. It was wonderful to spend quality time with her even though I missed my son so much, as I had never been apart from him. I had also never seen my entire family so united and willing to hear what I had to say. Everyone asked tons of questions and for once, after all these years, I felt their acceptance and love. I ask Allah to guide our families, to give us the wisdom to convey the beautiful message of Islam, to shower them with the sweetness we have been blessed with, and to allow us to see one another both in this life and the next. Ameen.

     

  • Duas from the Quran

    Duas from the Quran

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