بسم الله الرحمن الرحيم

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  • Musulmana y Mexicana en Turquia

    Musulmana y Mexicana en Turquia

    Como llegue al Islam es doloroso recordar, pero le agradezco a Dios por todo lo que pasé para llegar hasta donde estoy ahora. Mi primer encuentro con el Islam fue en el 2009, cuando conocí a un musulmán turco en las redes sociales. Comencé a investigar acerca de sus creencias y por medio de esa amistad fui aprendiendo.

    Mi vida cambio por completo en el 2010, pues fue ese año que los médicos me diagnosticaron con lupus eritematoso. La noticia fue muy difícil para digerir ya que desconocía por completo esa enfermedad. Los doctores siempre me han dicho que jamás me curare pero llevo cinco años sobreviviendo porque la fuerza que Dios me da es infinitamente misericordiosa. Veo a mi enfermedad como una bendición, pese a las bajas y recaídas que he tenido desde que soy lupica, todo me ha ayudado a madurar y a reforzar más mi fe.

    Ahora reconozco que la vida en este mundo es pasajera; aquí vine para aprender y para servir al Altísimo, y por cada dolor, por cada recaída, por cada pérdida, sé que Dios me recompensará en Yannah, el Paraíso, insha’Allah. Tal vez mi salud decaiga cada día más, tal vez tendré que hacer más sacrificios, tal vez perderé algo o alguien, Alá sabe más, pero como musulmana lo que jamás perderé será la fe y la fuerza en Alá.

    En el año 2011 viaje a Turquía y ahí escuche el Adhan, el llamado a la oración, por primera vez y visité una mezquita. Desde ese primer viaje, me centré más en el Islam porque había cosas de ese amigo musulmán que me llamaban la atención. Él hablaba tan bonito del Profeta Muhammad, que la paz sea con él, y me aconsejó que para conocer más el Islam debía investigar más sobre el Profeta, leer de su vida y enamorarme de él.

    Ese mismo año tuve la oportunidad de ser madre pero por cuestiones de salud, a los cinco meses de gestación, el 17 de noviembre de 2011, mi embarazo tuvo que ser interrumpido. Al estar en el quirófano los doctores me preguntaron si era católica. A lo que yo respondí, “No, mi religión es el Islam”. Desde ese momento me consideraba musulmana de corazón aunque aún no había tomado Shahada.

    Destrozada y entendiendo que ahora tenía que afrontar dos pérdidas; debido a que no solo murió mi bebé, sino también me abandonó el hombre a quien consideraba mi pareja, caí en una gran depresión. No veía el momento de salir de aquella crisis; todo lo veía perdido. Pasaron algunos meses y las cosas seguían igual. Un día, en febrero del 2012, tome mi computadora y decidí entrar a Facebook para ver que había ocurrido durante mi ausencia. En ese entonces, un amigo musulmán que estaba conectado me preguntó cómo estaba. Como yo necesitaba desahogarme, y él era alguien que, como musulmán, veía la vida de una manera diferente, con otro punto de vista, otra cultura y otra religión, le conté todo. Él solo leyó mis palabras de angustia y continuó leyendo hasta la última que escribí.

    Su respuesta fue, “Te mandaré algo que te ayudará”, y así fue como llegó a mis manos mi primera copia del Corán. La primera Sura, o capítulo, que leí fue Al Kauthar, y la aleya que me abrió los ojos fue, “Reza, pues, a tu Señor y sacrifica” (108:2). Fue tras leer esas palabras que entendí el por qué estaba pasando por esos momentos tan dolorosos; tenía que sacrificar algo que no era para mí, algo que tal vez no me haría feliz. Alá ya había escrito mi destino. Comencé a entrar más en el Corán e investigar más y más, hasta que el 2 de mayo de 2012, tomé la decisión de hacer mi Shahada, declarar mi fe en una mezquita en México, D.F.

    Ahora llevo cuatro años de haber entrado al Islam, Allahu akbar, Dios es Grande. Mi vida no acabó con aquella pérdida, al contrario, me fortaleció y encontré mi verdadero amor, Alá, glorificado y alabado sea, y mi verdadera fe. Entendí que para ser feliz hay que hacer sacrificios y dejar todo en las Manos de Dios.

    Me casé con aquel amigo musulmán que me envió el Corán y ahora vivo en Turquía. Llegue aquí en el 2013, a una ciudad llamada Erzurum, donde la gente es más religiosa, conservadora y de buenos sentimientos. Me han ayudado mucho a aumentar mi fe. Asisto cinco veces a la semana a clases de Corán, donde aprendí a recitar en árabe y ahora estoy intentando memorizarlo. Insha’Allah, si Dios me lo permite, pueda regresar a México para compartir mi conocimiento en mi país natal.

    Tome la decisión de aprender a recitar el Corán y posteriormente memorizarlo porque el tiempo que viví el Islam en México había un hermano joven converso que yo pensaba tenía más conocimiento que yo y sin embargo me confundía. Hasta incluso llegó a decirme cosas que eran el contrario de lo que enseñaba la Sunnah, o las tradiciones proféticas, y me decepcioné. Por eso decidí aprender a recitar en árabe y memorizar el Corán para que no me volvieran a sorprender de esa manera y también porque es el deber de todo musulmán aprender el Sagrado Corán y vivir conforme a la Sunnah.

    Como conversa me sentía aún más comprometida a buscar el conocimiento. Si los nacidos musulmanes pueden aprender, yo también puedo. Ser converso no es un pretexto para mí, como tampoco el no haber nacido en un ambiente islámico es un pretexto para no buscar el conocimiento. Desde el momento que hice mi Shahada, para mí fue un compromiso para cambiar mi vida. Quise aceptar todo lo que el Islam abarca y siempre tener la sed de aprender más y más de mi fe, alhamdulillah.

    La vida en Turquía no ha sido fácil ya que he tenido que aprender y cambiar algunas costumbres, pero sobretodo llevar una vida como el Corán y la Sunnah lo dispone. Aquí en Turquía fue donde por primera vez vi una mujer tapando su rostro con un velo y a los hombres con barbas largas y sus tasbih (cuentas) haciendo dhikr (recordando a Dios) a cada momento. También los hombres y las mujeres conviven por separado y el gobierno dedica mucho esfuerzo, amor, y trabajo al mes de Ramadán. En Turquía cuando saben que eres musulmán occidental las personas te admiran y se sorprenden tanto, pero a la vez te brindan su amor y cariño. Considero a Turquía como el país que me abrió las puertas y me adoptó como una hija y donde no me siento excluida ni juzgada por mi religión.

    Recuerdo que en México era señalada por usar el hiyab; era el centro de atención en aquellas calles. Pensé que al llegar a Turquía eso cambiaría pero no fue así. Aquí también soy el centro de atención, pero por ser musulmana latina, alhamdulillah, y eso es hermoso.

    Recientemente, durante una reunión familiar, alguien me preguntó – Después de haberte convertido, ¿Tu vida ha cambiado? ¿Te ha gustado? ¿Cómo describes tu vida ahora? – A lo que yo simplemente respondí: Claro que ha cambiado, y para el bien, alhamdulillah, la vida en el Islam es otra vida.

     

  • Dando una mano para fortalecer las comunidades musulmanas en México

    Dando una mano para fortalecer las comunidades musulmanas en México

    Mientras la mayoría de niños de su edad asisten al colegio, el joven Nurudin pasa una mayor parte de sus días preparando postres para vender en las calles de México D.F. Cada bandeja le toma tres horas para preparar. Cuando los dulces están listos, los deja enfriar para poder envolverlos y venderlos, esperando ganar 15 pesos por cada uno, lo que equivale a 1 dólar. Si le va bien, en un día puede vender 30 postres, ganando unos $30 para ayudar a su padre, quien sufre de problemas del corazón, mantener a su familia. Nurudin y su familia son parte de una creciente minoría de mexicanos que han aceptado el Islam como su religión, y como millones de otras personas en México, la pobreza es su forma de vida.

    Helping Hand for Relief and Development o Mano amiga para la ayuda y el desarrollo (HHRD) es una de las pocas organizaciones no gubernamentales musulmanas enfocando su atención en asistiendo a familias en México con programas de ayuda y desarrollo a largo plazo. Desde el 2012, HHRD ha estado trabajando en varias partes de México para ayudar a las familias más necesitadas con paquetes de alimentos incluyendo comidas que cumplen con las normas de Zabihah y cenas para Ramadán, programas de detección de diabetes, útiles escolares y bolsas de regalos para los niños.

    “Yo no sé si quizás la impresión es que los musulmanes en México son auto-subvencionados y autoportantes, pero esto no es el caso”, dijo el embajador de Libia ante México, Muftah Altayar.

    Según el informe de PEW 2009, el número de musulmanes en México es aproximadamente 110.000, lo que representa menos del uno por ciento de la población total. Sin embargo, por la misericordia de Alá y luego los esfuerzos de divulgación de ambos musulmanes mexicanos e inmigrantes, el Islam en México está creciendo.

    “Alhamdulilah, en México es muy fácil hablar en las universidades y las escuelas secundarias. Nos invitan a hablar acerca del Islam porque la gente realmente quieren aprender de los musulmanes “, dijo Imam Isa Rojas, el primer graduado mexicano de la Universidad Islámica de Medina, fundador del Centro Al-Hikmah en la Ciudad de México, y un activo llamador al Islam en México. “La gente quiere conocer el Islam, ya que no tienen una opinión negativa de los musulmanes como lo tienen las personas en Europa o tal vez en los Estados Unidos.”

    La Ciudad de México, la bulliciosa capital situada en el centro del país, cuenta con más de 3.000 musulmanes que viven dentro de sus fronteras, muchos de los cuales son conversos. En la región Sureste de México se encuentra el Estado Libre y Soberano de Chiapas. Es una tierra fértil y culturalmente abundante con aproximadamente 100 a 300 conversos musulmanes mexicanos que han establecido una pequeña pero creciente comunidad islámica en la ciudad San Cristóbal de las Casas. Sin embargo, muchos de los hermanos y hermanas en esta área luchan para obtener necesidades básicas como la estabilidad laboral, educación y asistencia médica.

    Durante su visita a Chiapas este año pasado, los voluntarios de HHRD pudieron recorrer la comunidad, dirigidos por el hermano Yahya Gómez, uno de los muchos conversos al Islam mexicanos y activistas en la ciudad de San Cristóbal de las Casas. La mayoría de los hogares eran simples estructuras con paredes de madera y techos de chapa, hechos para albergar a sólo unas pocas personas. Sin embargo, es común ver a familias con 15 parientes o más viviendo juntos en un mismo espacio. Los hombres de la comunidad sólo pueden conseguir trabajo como obreros, si son capaces de encontrar empleo.

    “Está en muy mal estado. Hay algunas familias que viven en una misma casa. Es más como un refugio temporal; Yo ni puedo decir que es una casa. Necesita una renovación… Creo que necesitan una nueva casa en su lugar “, dijo el Director del Programa Internacional HHRD, Irfan Khurshid, mientras observaba las pésimas condiciones de vida.

    Por tan sólo $ 27.000 por cada casa el Proyecto de Construcción y Renovación de Hogares de HHRD puede permitir que las viviendas actuales en San Cristóbal de las Casas sean remodeladas o completamente reconstruidas para proporcionar un lugar más espacioso y seguro para que las familias crezcan. Esto incluye los costos de toda la tubería necesaria, electricidad y construcción. Algunas casas serán incluso totalmente reconstruidas en vecindarios más seguros cerca de la mezquita local.

    Para contribuir aún más a las familias musulmanas en Chiapas, HHRD está implementando una iniciativa de Micro Finanzas que proporcionará préstamos para pequeñas empresas sin intereses a los individuos con la ambición de tener su propio negocio y ser autosuficientes. Con pequeñas donaciones que van desde $ 1.500 a $ 4.000, los participantes en el programa pueden aprender un oficio y comenzar a operar sus propios negocios en las áreas de carpintería, costura, panadería, y mecánica automotriz para ayudar a aliviarlos y a sus familias de la pobreza.

    “Este proyecto de financiamiento microempresas es tan sorprendente, ya que toma una simple donación, alguien puede dar $ 1.000 o $ 2.000 para ayudar a un musulmán poner en marcha una empresa” dijo Boonaa Mohammed, un voluntario que viajó recientemente con HHRD a Chiapas. “Va a tomar ese dinero y les permite comprar lo que sea necesario, las herramientas necesarias para el oficio específico. Se les dará lo mínimo. Y luego, una vez que hayan logrado tener éxito en su oficio y tienen ese dinero, dan de nuevo a la caridad, que luego da de vuelta a otro musulmán que quiere, una vez más, demostrar su valía a través de un comercio. “

    HHRD también está en el proceso de establecer un Centro de Entrenamiento Vocacional en San Cristóbal de las Casas para ayudar a los desempleados a obtener la educación y la capacitación necesaria para obtener fuentes de ingresos estables y licitos.

    “En este centro les podemos enseñar diferentes habilidades y ellos pueden aprender un oficio para que puedan iniciar su propio negocio o encontrar diferentes puestos de trabajo”, dijo Khurshid. “Esto les ayudará económicamente y les ayudará a educar a sus hijos, porque muchos de los niños de estas familias de bajos ingresos y desempleados no han tenido acceso a una buena educación.”

    Además de estos grandes proyectos de desarrollo a gran escala, HHRD también está en el proceso de iniciar un programa de donaciones en especie para proveer las necesidades inmediatas a las familias en San Cristóbal de las Casas, Rosarito, y la Ciudad de México, así como un Programa de Apoyo a la Educación donde los donantes pueden apadrinar a un niño por sólo $ 1 al día para ayudar a proporcionarles el material escolar que necesiten.

    “Muchas veces, en Norteamérica, cuando miramos a conversos, hay tantas dificultades que tienen para integrarse en nuestras comunidades musulmanas”, dijo Mohammed. “Ahora imagina una comunidad de conversos que tratan de integrarse en una sociedad no musulmana que no tiene una base sólida del Islam para apoyarlos. Es imperativo que ofrezcamos nuestro apoyo en todo lo que podamos sabiendo que quien da por la causa de Alá, glorificado y alabado sea, su caridad no se desperdiciará”.

    Para involucrarse en los programas de HHRD en México, visite su página www.hhrd.org, contacte info@hhrd.org, o llame 1-888-808-HELP (4357).

     

  • De Mexico a Medina: La Historia de Rafael

    De Mexico a Medina: La Historia de Rafael

    Mi interés en el islam nació cuando apenas tenía 17 años. Comencé a leer el Corán en español desde mi computadora y lo termine completamente, alhamdulillah. Aunque inicialmente mi intención era común, simplemente por leerlo sin interés en particular, desde el principio supe que no se trataba de un libro común y corriente como cualquier otro que había leído antes. Pues desde la primera página se hacían agradecimientos y se engrandecía a Dios de una manera especial y distinta a lo que yo estaba familiarizado. Seguía leyendo y tenía una sensación extraña, sin afán de exagerar sentía mucha paz y tranquilidad cuando me sentaba frente a mi computadora a leerlo, contemplando verso por verso.

    Siempre me ha gustado la ciencia, y me impresionó que muchos hechos demostrados científicamente en los últimos siglos aparecieran en el Corán. Hechos como la teoría del Big Bang, la expansión del universo, la composición de la tierra y del espacio, los procesos embrionarios, entre muchos otros; los identifiqué y me asombró que estaban descritos de una manera entendible para cualquier persona con cualquier nivel de educación. Además, encontré al Corán completo en cuanto a regulaciones familiares, sociales, militares, en asuntos de justicia, de creencia, de modales… en fin, de todo. Entonces no demoré prácticamente nada en aceptar que el Corán no era sino revelación divina y decidí aceptar el Islam.

    En un día feriado de mi país, que luego me enteré coincidía con la noche número 27 de Ramadán, tomé la bicicleta de mi padre para ir al lugar donde los musulmanes de mi ciudad se reunían. Aunque estaba lejos de mi casa y tuve que pasar por lugares peligrosos para llegar hasta allá, todo resultó perfecto. Hice mi Shahada (el testimonio de la fe) y me trataron de manera excelente. Me regalaron un tapete para rezar y libros. Todo lo escondí bajo mi playera para que mis padres no supieran cuando llegué, luego de media noche. Mi familia, que es católica, no supo de mi conversión al Islam hasta un par de años después, pues escondía signos de mi cambio. Sin embargo ya notaban algunas diferencias en mí, como cuando me escondía a ciertas horas para rezar mis cinco oraciones y no comía ni tomaba todo lo que ellos preparaban.

    Después de mi Shahada, he sido muy bendecido, y noto que ciertamente Alá es Quien escucha las súplicas, pues cada una de las cosas por las que llego a quejarme, o que necesito, recibo más de lo necesario desde que pongo mis asuntos en manos de Alá.

    Alhamdulilah, tuve la oportunidad de asistir a la Universidad Islámica de Medina en Arabia Saudita, donde estudié por alrededor de 1 año. Pude aprender a leer el Corán en árabe, y aprendí un poco del idioma cuando había llegado sin saber si quiera las letras del alfabeto árabe. Allí conocí excelentes personas quienes exhortan e invitan al bien y a practicar el Islam de la mejor manera cada vez. Además del conocimiento que uno obtiene, que realmente es invaluable, recibí la herencia de los profetas, la motivación para enseñar a los demás acerca del Islam.

    También tuve la ventaja de conocer bonitos lugares. El simple hecho de visitar una mezquita ya era de gran valor para mí, pues en mi ciudad no contamos con ninguna. Y ¿qué mejor que llegar a la ciudad que acogió a nuestro amado Profeta Muhammad, que la paz sea con él, y después tener la posibilidad de realizar el Hajj (la peregrinación)? Es algo inolvidable que espero todos tengamos la oportunidad de hacer. Aconsejo a todos francamente que se esfuercen para ir, especialmente aquellos que desestiman esta obligación del musulmán. Ir a la Meca y realizar el Hajj, te cambia la vida.

    Tuve que regresar de Medina por motivos familiares, y aunque debo reconocer que eso me entristeció, a los pocos meses Allah me concedió poder tener matrimonio con una excelente mujer con quien soy feliz y me siento orgulloso de compartir mis momentos.

    Actualmente el Islam en mi ciudad, Guadalajara, continúa creciendo aunque lentamente. Puede decirse que cada mes hay nuevos(as) musulmanes(as). Tenemos menos de 5 musalas (salas para rezar), pero generalmente la gente no nos molesta si rezamos en público o invitamos a las personas al Islam abiertamente. Podría decir que es más el interés y la curiosidad que los acosos y malos comentarios. Sin embargo, es un triste hecho que las mujeres son las más propensas al maltrato de la gente.

    Insha’Allah, la situación de los musulmanes mejore en todo el mundo. Sin embargo antes tenemos que estar conscientes que el cambio debe darse primero de nuestra parte, teniendo buenas intenciones, haciendo e invitando hacia al bien, y reprobando el mal. Para esto, no hay algo mejor que buscando el conocimiento en el Sagrado Corán, o revisando la vida ejemplar de nuestro Profeta, que Allah le conceda la paz y las bendiciones.

     

  • La paz que faltaba

    La paz que faltaba

    Mi camino hacia el Islam ha tomado muchos giros y vueltas a lo largo de Latinoamérica y aquí en los Estados Unidos, donde finalmente me convertí en musulmán. Mis padres son de Chile. Eran refugiados políticos exiliados a México por ser socialistas. En los años 70, ser un socialista en América Latina era sinónimo de ser un rebelde. No había muchas opciones en ese momento; eras de la izquierda o eras de la derecha. En 1973, Chile sufrió uno de los más crueles golpes de estado que la humanidad jamás había visto. Mi padre fue encarcelado y torturado antes de ser exiliado. Unos meses después conoció a mi madre, que era también una refugiada política chilena. En 1976, yo nací en la Ciudad de México. Mis padres, mi hermana y yo vivimos relativamente felices como una típica familia mexicana de clase media, excepto por una cosa: mis padres eran agnósticos. No ser católico en México era casi impensable.

    En 1989, cuando la democracia fue reestablecida en Chile, mis padres decidieron regresar. En ese tiempo tenía 12 años de edad. Chile es un país pequeño dominado por una de las iglesias más conservadoras del mundo. Como en México, crecí rodeado de mensajes católicos en la radio, en la televisión, y en las calles. En mi propia inocencia, siempre me había gustado la idea de Dios, de un solo Dios, pero eso no era lo que estaba presenciando. ¿Cómo podría un chico de una familia agnóstica siempre creer en Dios? En mi casa ese asunto nunca fue un tema de conversación. “La religión es el opio de las masas”, mi padre solía decir. Sin embargo, con los años, mi deseo por una conexión espiritual siguió aumentando.

    Cuando era adolescente, fui expuesto a la Capoeira, una danza brasileña y arte marcial, durante unas vacaciones con mis padres en Brasil. En Chile, comencé a tomar clases de Capoeira que ayudaron a llenar el vacío de mi espiritualidad carente. En el año 2000, fui aceptado a la facultad de negocios en Chile y también estudié Capoeira todos los días. Mi vida se volvió muy ocupada, “demasiado ocupada” para la religión.

    En 2003, conocí a mi esposa, una hermosa mujer estadounidense que estaba enseñando Inglés en Santiago, Chile. Ella venía de una familia católica y por lo tanto me acercó más a la religión. En 2005, me trasladé a los EE.UU. y en el 2006 nos casamos en una iglesia católica en Richmond, Virginia. En 2008, abrí mi propio estudio para enseñar diversos estilos de artes marciales, el ejercicio y el baile. Ese mismo año, mi primera hija, Priya, nació, y en 2010 me convertí en propietario de una casa. En un período de sólo cinco años había logrado el “sueño americano”, cosas que algunas personas no logran en toda su vida. Sin embargo, aún algo faltaba.

    El 2012 fue uno de los años más difíciles de mi vida. Mi arrogancia me llevó a romper mi tendón rotuliano y tardé casi un año en recuperarme. Ese mismo año, mi segunda hija, Mireya, nació. En 2013, comencé mi búsqueda espiritual. Empecé a investigar la religión yoruba, la santería, pero no me sentí identificado con ella.

    En diciembre de 2014, pasé la Navidad con mi familia en Chile. Después de la cena de Navidad fui a mi habitación a dormir, pero quedé despierto sentado en mi cama. Los recuerdos de mi adolescencia y mi juventud vinieron a mí y comencé a llorar. Llore mucho. No recuerdo por cuánto tiempo, tal vez cinco o 10 minutos, pero recuerdo poniendo mis rodillas en el suelo y los brazos en una posición de súplica. Y me quedé allí, preguntando, pidiendo realmente, a Dios que me guiara y me ayudara a acercarme a Él. Después de eso, encendí la televisión y mostraban un programa sobre la vida de Jesús. Una gran cantidad de preguntas vinieron a la mente como, “¿Será él Dios”? Entonces busqué en Google la palabra “Jesús” y de alguna manera aterricé en una página de discutiendo Jesús y el Islam. Entonces investigué las palabras “Islam” y “Profeta Muhammad”. Al final, no pude dormir hasta las 5 o 6 de la mañana.

    Alrededor de las 11 de la mañana, me desperté. Mi madre me dijo que debí haber estado cansado por lo mucho que había dormido. Le dije entonces que yo quería convertirme en musulmán pero ella no me creyó. Cuando llegué a los Estados Unidos de nuevo, llamé a un amigo musulmán para ver si me podía llevar a una mezquita. Allí, sentí tanta paz y armonía. Luego, otro amigo, que es de Turquía, me ayudó a tomar mi Shahada, el testimonio de la fe. También conocí a un hermano de Gambia, un estudiante en mi estudio, que me ayudó a visitar diferentes mezquitas y reunirme con algunos imanes. Al llegar el mes de Ramadán, me di cuenta que estaba rodeado por una buena comunidad de hermanos para ayudarme en mi camino.

    Mi esposa ha sido un gran apoyo para mí. Hemos estado casados ya por 10 años. Me considero una persona impulsiva y solía enfadarme con ella por cosas insignificantes. Pero ahora trato de recordar este hadiz: “El hombre fuerte no es quien sabe luchar; el hombre fuerte es aquel que puede controlarse a sí mismo en un momento de ira”. (Sahih Bujari, Libro 73, #135)

  • Una Nueva Traduccion del Sagrado Coran al Idioma Espanol

    Una Nueva Traduccion del Sagrado Coran al Idioma Espanol

    Se despertó en mí el interés de hacer una traducción del Sagrado Corán que se preocupara me-nos por parecer árabe o por intentar imitar la calidad literaria del texto original, y estuviera pen-sada más en transmitir de forma correcta y directa todos aquellos significados, profundos y espi-rituales, pero también de un gran orden social, que había comprendido al leerlo y estudiarlo en su idioma original.

    –Isa García

    Un poco de historia

    Cuando acepté el Islam y lo asumí como forma de vida, estaba sediento de saber, quería conocer lo mejor posible la fuente primera del conocimiento, la revelación divina: el Sagrado Corán. Sabía desde el principio que el Corán fue revelado en árabe, y que este texto es original: ha sido pre-servado y mantenido intacto a lo largo de más de 14 siglos. Pero al no saber árabe, tuve que re-mitirme a diferentes traducciones que se han hecho al español.

    Lo que encontré llegó en ocasiones a decepcionarme, pues el texto aparecía muchas veces con-fuso o incongruente.

    Comprendí que esto se debía, principalmente, a dos factores. El primero, que muchas traduccio-nes han sido elaboradas por personas que no tenían el suficiente conocimiento del Islam, su mensaje y su historia, y que por ello confundían conceptos o incluso, en algunos casos de forma premeditada, trastocaban los sentidos para desacreditar al Islam y su libro sagrado.

    El segundo, que en su mayoría las traducciones son demasiado literalistas, imitan el estilo árabe en la traducción, no solamente en la expresión del significado sino en el orden mismo de las pa-labras, de modo que no se apegan a la gramática del español y por ello resultan confusas. A esto debe agregársele que algunas de las traducciones al español utilizan un lenguaje antiguo y lejano al que solemos utilizar en el continente americano, y que a la vez carecen en su mayoría de notas aclarativas sobre el contexto histórico o las implicaciones legales.

    Más tarde, cuando tuve la oportunidad de estudiar el idioma árabe y acceder a los significados del Sagrado Corán en su idioma original, comprendí que en la traducción me había perdido de mucho. Si bien es cierto que ninguna traducción podrá jamás acercarse a la belleza narrativa, poética y retórica del Corán, ni reproducir a la vez su sonoridad y las múltiples formas en que puede ser recitado, también es cierto que las traducciones, unas más que otras, fallan en trans-mitirle al lector la verdadera esencia del mensaje coránico.

    Esto despertó en mí el interés de hacer una traducción del Sagrado Corán que se preocupara menos por parecer árabe o por intentar imitar la calidad literaria del texto original, y estuviera pensada más en transmitir de forma correcta y directa todos aquellos significados, profundos y espirituales, pero también de un gran orden social, que había comprendido al leerlo y estudiarlo en su idioma original.

    Gracias a Dios pude por fin embarcarme en una traducción del Sagrado Corán pensada para la población hispanoparlante del mundo, pero principalmente para el público latinoamericano. Jun-to con un equipo de colaboradores expertos, he procurado poner al alcance de musulmanes y de no musulmanes, el mensaje del Islam de la forma más cercana posible a la revelación original en idioma árabe, pero utilizando a la vez un lenguaje sencillo y explicaciones claras de los términos, de manera que el contenido del texto resulte fácil de comprender.

    Antecedentes

    Si bien el Islam no es hoy día una de las religiones con mayor número de fieles en América Latina, se está expandiendo rápidamente por todo el continente. Ya existen mezquitas en todas las ca-pitales y ciudades importantes de Hispanoamérica y también está creciendo mucho entre la po-blación latina de Estados Unidos.

    Teniendo en cuenta la mala imagen que proyectan los medios de comunicación del Islam y de los musulmanes, contar con una traducción del Corán al idioma español que transmita de forma di-recta y sencilla el verdadero mensaje del Islam, cada vez se hace más importante y urgente por dos razones:

    Primera, porque los musulmanes que no conocen el idioma árabe necesitan leer los significados del Corán en su idioma para comprender y practicar mejor su religión, y así ser buen ejemplo de lo que es realmente un musulmán.

    Segunda, porque los no musulmanes que desean conocer el Islam necesitan tener una fuente confiable de información, que les permita formarse una opinión basada en lo que enseña real-mente el Corán, y no en estereotipos y concepciones erróneas que han permanecido durante siglos en muchas obras de orientalistas y en algunas de las traducciones del Corán.

    De ahí que el objetivo de esta traducción es presentar a los hispanoparlantes el verdadero men-saje del Corán, tal como ha sido conocido, entendido y practicado por los eruditos del Islam y por los musulmanes devotos durante más de 1.400 años, para ello se basa en un lenguaje claro, sen-cillo, directo y actual, pensando en el público latinoamericano.

    Distribución de copias impresas y versión digital

    El objetivo de esta traducción es su distribución gratuita para que de esta manera llegue al máxi-mo público posible.

    Para conseguir este objetivo se ha distribuido una versión digital en formato PDF, se ha agregado a distintas aplicaciones con múltiples traducciones y en breve saldrá una aplicación propia para lectura y audio.

    También se han hecho múltiples impresiones para su distribución gratuita. La primera de ellas fue de 50.000 copias de tamaño bolsillo para distribuir durante la Copa Mundial de Futbol en Brasil 2014.

    También se imprimieron 100.000 copias en Qatar para distribuir a nivel mundial, y en América La-tina se han hecho pequeñas impresiones en países como Bolivia, Colombia, Guatemala y México. En España ha comenzado un proyecto de distribución para el que ya han impreso 10.000 copias.

    Creo que es necesario que los musulmanes se unan y colaboren en la impresión de esta traduc-ción con el objetivo de acercar el mensaje del Islam a los musulmanes y no musulmanes.

    Sobre el traductor

    Isa García nació en Argentina, es licenciado en Lengua Árabe y en Teología Islámica de la Univer-sidad de Umm Al-Qura de la ciudad de La Meca en Arabia Saudí, especializado en la misma en los “Orígenes de las tradiciones Proféticas”. Cursó estudios en mediación y resolución de conflictos en Estados Unidos. Ha sido director del departamento de español en las editoriales International Islamic Publishing House y Darussalam, y de diferentes páginas web islámicas. Permanentemen-te dicta conferencias en diferentes países de América Latina y Europa, y en Estados Unidos. Ha trabajado como traductor del árabe y del inglés al español durante los últimos 15 años, y es tam-bién autor de obras sobre teología islámica y distintos temas sociales que afectan a la comunidad islámica. Fue nombrado por la revista The Muslim 500 como uno de los musulmanes más influ-yentes del mundo en los años 2013 y 2014.

  • Una Mision de Amor

    Una Mision de Amor

    A medida que inicié mi viaje más importante de Dawah a México, me puse a reflexionar y pensar en mis últimas tres misiones de divulgación. “¿Por qué era este el más importante?”, Me pregunté a mí misma, siendo que estaba viajando con menos equipaje y sola. Sin embargo, la respuesta era que iba para llamar a mi abuelita al Islam, mientras se encontraba en su lecho de muerte, y no sería algo fácil. Ver a mi familia angustiada y sentimental sería difícil, también. Hice este viaje en exclusiva para ella, para mi abuelita. Ella pidió verme y yo tomé esta solicitud como mi última oportunidad para transmitir el mensaje del Islam a ella. Mientras estaba volando sobre el Golfo de México le supliqué al Todopoderoso que abriera su corazón e hiciera que sus últimas palabras sean las mejores palabras, las palabras de Tauhid.

    Ha sido bastante tiempo desde que soy musulmana y he pasado por varias pruebas pero esta era la primera vez que Alá me estaba probando con la muerte. La muerte siempre parece estar tan lejos hasta que lo estás presenciando realmente. Para una conversa, la muerte es aún más aterradora y una de nuestras peores pesadillas. La idea de perder a un familiar me recuerda a nuestro amado Profeta Muhammad, la paz sea con él, cuando intentó llamar a su tío, Abu Talib, al Islam sin éxito.

    Hoy estoy experimentando esto con la posibilidad de perder a mi abuela quien me acogió desde los 3 meses hasta los 5 años. Durante visitas previas, nos habíamos sentado a conversar pero debido a su edad, siempre terminaba la conversación para evitar molestarla. He suplicado muchísimo, pidiéndole a mi Creador que me ayude con las mejores palabras para decirle. Como dije anteriormente, este viaje era diferente porque no llevaba 10, 11, o 12 maletas llenas de donaciones para los musulmanes de México, ni iba con un grupo de voluntarios. En el pasado, visitaba a mi familia por algunos días antes de visitar a las comunidades musulmanas para proporcionarles materiales islámicos, para dar una lectura o para ayudar a restaurar una mezquita. Sin embargo, me sentí más bendecida en poder compartir una conversación privada con este ser tan maravilloso quien me cuidó incondicionalmente.

    Al llegar, rompí en llanto viéndola tan débil, delgada y con oxígeno; como mínimo fue devastador. Una tía me aconsejó que saliera y me lavara la cara porque mi abuelita me necesitaba fuerte y no llorando. Cuando regresé al cuarto me fije en una pintura de la Virgen de Guadalupe, una imagen de María, la madre de Jesús, que es venerada e incluso adorada en México, y claro, me incomodó un poco porque la consideraba un obstáculo para mi misión.

    Mi abuela se despertó y al ver que yo estaba allí, ella sonrió y me pidió que me acercara. La abracé como siempre, apretándola con todas mis fuerzas. Ella gritó y dijo: “¡Tú me vas a romper!” Nos reímos y nos contemplamos la una a la otra. Yo le dije que la amaba y que todo iba a estar bien. Ella preguntó por mi hijo y le dije que estaba bien y en la escuela. Le dije, “Estoy aquí para ti, para cuidarte sin interrupciones, sólo tú y yo”.

    Mi visita fue corta pero pareció larga debido a los momentos agradables que pasamos juntas. Yo tuve la oportunidad de darle de comer, bañarle y durante todo tuvimos varias conversaciones acerca de la unicidad de Dios. Una hermana de la comunidad de la Ciudad de México llamada Nabíla se unió a mí para ofrecer su apoyo, el mejor regalo que Dios me envió, mashaAllah. Con su ayuda, pudimos hablar con ella y el resto de mi familia sobre el Islam. También durante su visita dimos Shahada a una joven local que se encontró con ella en el autobús de camino a verme. Al tercer día de mi visita, mientras la hermana Nabíla y yo salimos, el retrato de la Virgen de Guadalupe había sido retirado de la pared.

    La última noche que pasé al lado de mi abuelita le pregunté si creía en Dios como el Todopoderoso y el único Creador y ella me respondió que sí. Le pregunté: “¿Quién es Jesús?” Ella respondió: “Un mensajero de Dios”. Le pregunté si ella cree que él es el hijo de Dios, a lo que ella respondió que no. Trate de introducir la segunda parte del testimonio de la fe, pero ella se sintió abrumada. Me pidió que dejara las cosas así, ya que nunca había oído hablar del Profeta Muhammad, la paz sea con él. Al regresar a los Estados Unidos le comenté al imam local del incidente y él me informó que debido a su edad avanzada (104 años) y condición, fue suficiente, y Alá sabe mejor.

    Hoy me siento aquí muy agradecida por la oportunidad de completar esta misión y la oportunidad de ver a mi abuela por diferentes motivos. Fue maravilloso pasar tiempo con ella a pesar de que extrañe mucho a mi hijo, ya que nunca había estado lejos de él. Tampoco había visto a toda mi familia tan unida y dispuesta a escuchar lo que tenía que decir. Todos hicieron muchas preguntas y, por primera vez, después de todos estos años, sentí su aceptación y amor. Le pido a Dios que guíe nuestras familias, que nos dé la sabiduría para transmitir el hermoso mensaje del Islam, que los colme con la misma dulzura que hemos sido bendecidos y que nos permita vernos tanto en esta vida como la siguiente. Amen.

  • A Mission of Love

    A Mission of Love

    As I embarked on my most important dawah trip to Mexico, I began to reflect and think of my past three outreach missions. “Why was this the most important?” I asked myself, “I am traveling with the least amount of luggage and alone.” The answer was that I was going in order to call my elderly grandmother to Islam, while she lay on her deathbed, and it would not be easy. Seeing my family in distress and emotional would be hard, as well. I booked this trip exclusively for her, my “Abuelita,” my grandma. She requested to see me, and I took this request as my last opportunity to convey the message of Islam to her. As I was flying over the Gulf a Mexico I prayed for the Almighty to open her heart and make her last words be the best words, words of tawheed.

    It’s been quite some time since I became Muslim and I have been tested in various ways but this was the first time Allah was testing me with death. Death always seems so distant until you are actually experiencing it. As a convert, death is even more frightening, and one of our biggest challenges is losing a family member who does not embrace Islam. I am reminded of our beloved Prophet, peace be upon him, when he called his uncle, Abu Talib, to Islam, but to no avail.

    Today I am experiencing this with the possibility of losing my grandmother who took care of me from the tender age of 3 months until I was almost 5 years old. In previous visits we sat and had several conversations but due to her age I have always dropped the conversation to avoid upsetting her. I have made tons of du’a and asked my Creator to help me with the best words to say to her. Again, this trip was different because I was not carrying 10, 11, or 12 pieces of luggage full of donations for the Muslims in Mexico, nor did I have a group of volunteers. In the past I would come to visit my family a couple of days at a time before visiting Muslim communities to either provide them with Islamic material, give a talk, or help restore/rebuild a masjid. However, I feel more blessed to be able to have a one-on-one conversation with this wonderful woman who unconditionally cared for me.

    Upon my arrival, I broke down so see her so weak, thin and with oxygen; it was devastating to say the least. I was advised by an aunt to step out, wash my face, and come back. She told me that she needed me to be strong and not crying, so I did just that. When I came back to the room I noticed a huge poster of the virgin of Guadalupe, a depiction of Mary, the mother of Jesus, that is revered and even worshipped in Mexico, and of course, I was a bit bothered by it because I saw it as an obstacle to my mission.

    My grandmother woke up and when she saw that I was there, she smiled and asked me to come close. I hugged her as always, so tight and with all my might. She yelled and said, “You are going to break me!” We both laughed and gazed at each other. I told her I love her and that everything was going to be okay. She asked about my son and I told her he was fine and at school. I told her, “I am here for you, to care for you without interruptions, just me and you.”

    My visit was short but seemed long because of the quality time we spent together. I got a chance to feed her, bathe her and throughout all that we had several conversations about the oneness of God. A sister from the Mexico City community named Nabila joined me to offer her support, the best gift Allah sent my way, mashaAllah. With her help, we were able to speak to her and the rest of my family about Islam. Also during her visit we gave Shahada to a local young girl whom she ran into on the bus on her way to see me. By the third day of my stay, while Sister Nabila and I had stepped out, the poster of the virgin of Guadalupe had been removed from the wall.

    The last night I spent by my grandmother’s side I asked her if she believed in God as the Almighty and sole Creator and she said yes. I asked her, “Who is Jesus?” She replied, “A messenger of God.” I asked if she believed he is the son of God, to which she replied no. We tried covering the second part of the testimony of faith but she was overwhelmed. She asked me to leave it at that, since she had never heard of the Prophet Muhammad, peace be upon him. Upon returning to the States I asked the local imam about the incident and he informed me that due to her advanced age (104) and condition, it was enough and Allah knows best.

    Today I sit here so grateful for the opportunity to complete this mission and the opportunity to see my grandmother on different grounds. It was wonderful to spend quality time with her even though I missed my son so much, as I had never been apart from him. I had also never seen my entire family so united and willing to hear what I had to say. Everyone asked tons of questions and for once, after all these years, I felt their acceptance and love. I ask Allah to guide our families, to give us the wisdom to convey the beautiful message of Islam, to shower them with the sweetness we have been blessed with, and to allow us to see one another both in this life and the next. Ameen.

     

  • Combating Domestic Violence as a Muslim Woman

    Combating Domestic Violence as a Muslim Woman

    Violence against women is a matter that should concern us all, yet it seems only a few people are concerned. Throughout the world, one in three women is beaten or suffers some type of abuse in her lifetime. According to data from the World Health Organization, 70 percent of women who are killed, die at the hands of their partner or ex-partner.

    Violence against women is present in all societies in the world regardless of political or economic system, regardless of social status of perpetrator or victim, level of education, ethnicity, financial situation, culture, or religion. This everyday reality is manifested many different ways and it takes place in a number of settings; and my own country, Mexico, is of course no exception. In Mexico, violence against women is a social problem that hides itself within the home. Many female victims of domestic violence live with their enemy in the same house and are exposed to danger day to day.

    I am a psychologist working for an institution that provides psychological support to women who have been victims of family violence. Every day I hear stories of how their husbands beat them, threaten them, are unfaithful to them, insult them, and sadly some women have also died while making an attempt tto escape the violence. This is a hidden reality many choose not to talk about. My work is a positive challenge in my life, alhamdulilah; it is what I love doing. I feel very blessed for having the opportunity to be able to listen to women who put in my hands their hope of coming out of a problem that affects their lives and the lives of their children.

    I am Muslim, Mexican and defend women’s rights. This probably comes as a surprise to many of the women who come into my office; some of them even think it is contradictory. “Are you telling me that it is not?” A woman once asked me, “How can a woman who covers her head out of submission (she said referring to my hijab), tell me how I can escape the violence I am dealing with, when she herself cannot escape her own submission?” I smiled smiled and answered her with confidence. My hijab is my best tool for giving dawah.

    In fact, it was my inconformity and sense of injustice regarding violence against women that brought me closer to Islam. I also had a wrong idea about the situation of Muslim women, which I see now reflected in the faces of many of my patients when they see me for the first time; many express their surprise, and others – even if they don’t say anything – have a look of astonishment or shock on their faces.

    I could say that I do see my old self mirrored in some of them; who I was when I first met Muslim women smiling and happy, when they talked to me about the value of women in Islam, when I read about the rights of women in Islam. I used to ask myself, “Is this possible?” trying to understand. And this is why I do enjoy so much explaining to them why I am a Muslim, with my own words and with my behavior.

    Islam came to complement my life and it has helped better understand the work I do. It helped me understand my own value as a woman. Men mistreat women because of ignorance and failure to properly understand power dynamics. Muslims, men and women, must work together to combat domestic violence.

  • My Advice to New Muslims

    My Advice to New Muslims

    Oftentimes when a person embraces Islam, he or she is unsure of what steps to take next. After much effort to arrive at the decision to proclaim the shahadah, the testimony of faith, with conviction and sincerity, their journey continues. Knowing where to go from there can help a new Muslim steer clear of hardships and misguidance. I am a Latino convert of over twenty years who has had a chance to study Islam and Arabic in the US and Saudi Arabia. In this article, I offer my advice to new Muslims.

    Learn About Allah

    The science which deals with this is called al-tawhid, which means “to single out Allah in worship”. Actually, al-tawhid is classified into three categories – tawhid al-rub?b?yah (singling out Allah in His Lorship), tawhid al-asm?’ wa al-sif?t (singling out Allah in His Names and Characteristics), and tawhid al-uluh?yah (singling out Allah in worship).

    Getting to know Allah is very important. Having newly entered Islam, one might still have a lot of misunderstandings about his/her Lord. In Islam, we recognize that our original state of being is one of not having knowledge, and Allah sent prophets to us to teach us about Allah and the correct way to worship Him. Allah says “We have sent to every nation a messenger (saying) “Worship Allah and avoid worship of other than Allah.” This knowledge is the most important thing a Muslim can learn and the first obligation upon him/her. One should be continually learning, recognizing, purifying, and acting upon tawhid.

    The first words uttered to enter Islam – “L? il?ha illa All?h” – are related to al-tawhid. These words are in fact a statement confirming al-tawhid. They should also be the last words a Muslim says just before he/she dies. That being the case, we can say that al-tawhid should also be the last matter in life.

    Learn the Qur’an

    Allah sent the Qur’an to us as a guide to live by, to judge by it, to recite it, to use it as a cure, to learn and teach it, to reflect upon its words, and to make it the center of our lives. Indeed, the Qur’an is one of the greatest miracles. We should spend time learning how to recite it in its original language. We should read its translation in the language we are most fluent and comfortable with. We should also invest time in our lives to familiarize ourselves with its verses. Indeed, every single verse is itself a sign (?yah) from Allah. It is Allah’s Message to us and instructions on how to live our lives and fulfill what Allah wants us to do.

    Start Praying Immediately

    Prayer is an essential part of Islam. The prophet (peace be upon him) said, “The covenant that distinguishes between us and them is the prayer, so whoever abandons it has disbelieved.” (Reported by Ahmad, Al-Nisai, and Al-Tirmidhi).

    Avoid Bad Company

    It is very important for new Muslims to stay away from bad company. Why do I say this? There are many negative and destructive behaviors that some people see as normal or even praiseworthy. Some individuals accept certain actions as being normal or acceptable; for example, dating and premarital sex, unnecessary intermixing of the genders, drinking alcohol and going to nightclubs, etc. These people have not yet understood the importance of living a pious life or felt the impact of establishing regular prayer. They may not even accept the existence of a Creator. This type of bad company might divert you – intentionally or unintentionally – from your new chosen life. They are not upon the correct path; so how can you expect them to aid you on the path that you have already chosen and recognized to be the one and only truth?

    Attend the Masjid Regularly/Get Involved

    Islam is a religion in which community is very important. Prayers are preformed in congregation five times a day. Males should try to make a great effort to attend all of these five prayers or as many as he can in the masjid if there is no difficulty in him doing this. Women are certainly allowed to pray in the masjid, but are encouraged to pray at home when children or other home matters demand attention. I would also suggest getting involved in whatever capacity you can at the local masjid.

    Learn Arabic

    Arabic is the language of Islam since the revelation was revealed through this language. Arabic is a universal language and is spoken by believers all around the world. The more we understand Arabic, the better we can understand the Qur’an.

    I would suggest learning as much of the Arabic language as possible. Focus on the correct recitation of the words, and on understanding their meaning.

    Additionally, one should not make it a stumbling block to learning or practicing the religion. At times, Muslims get diverted from other matters and may not even pray or memorize the Qur’an with the excuse that he/she has not mastered Arabic yet. Not knowing enough Arabic should never be used as an excuse for one to fall short in other areas.

    Learn the Seerah

    Muslims should learn about the Prophet Muhammad’s (peace be upon him) life. Seerah is the science which teaches about the life of the Prophet Muhammad. We should learn about his life and take lessons from it. We should also learn how he dealt with situations and try our best to model our lives according to his life. Indeed, Allah said, “You have in the Messenger of Allah the best example.” All of our actions in life should accord with his Sunnah (way of life, instruction, actions, and tacit approval).

    Learn About he Early Muslims

    There are often times where Muslims differ on issues related to the religion. Sometimes these differences are legitimate, and sometimes they are not. Allah says, “If you differ in anything, bring it back to Allah and his Messenger.” This means that we should resolve our problems by going back to Allah’s Qur’an, and in our times since the Messenger is not alive, we should go back to his Sunnah. However, there may still exist some differences of opinion on the interpretation of the Qur’an and Sunnah. Therefore, we should rely on the interpretation of the early Muslims, namely the Prophet’s Companions, their followers, and the followers of the followers. By this we can get the best and most accurate interpretation of Islam.

    If these early generations of Islam had a consensus on a particular matter, then it is not permitted to differ in that matter. If they differed on something, then the varying viewpoints are acceptable. We should never rely on our own opinion on things that have already been established or make it an issue of disunity among the Muslims.

  • The Missing Peace

    The Missing Peace

    My path towards Islam has taken many twists and turns throughout Latin America and here in the USA, where I finally became a Muslim. My parents are from Chile. They were political refugees exiled to Mexico because they were Socialists. In the 70s, to be a Socialist in Latin America was synonymous with being a rebel. Having political views that were left-leaning was very dangerous at that time. In 1973, a military coup d’état in Chile resulted in years of brutal political repression. My father was imprisoned and tortured before being exiled. A few months later he met my mother, who was also a Chilean political refugee. In 1976, I was born in Mexico City. My parents, my sister and I lived as a relatively happy, typical Mexican middle class family except for one thing: my parents were agnostic. To not be Catholic in Mexico was almost unthinkable.

    In 1989, when democracy was reinstated in Chile, my parents decided to return. I was a 12-year-old boy. Chile is a small country, dominated by one of the most conservative churches in the world. Like in Mexico, I grew up surrounded by Catholic messages over the radio, on television, and in the streets. In my own innocent way, I always liked the idea of God, of one God, but that was not what people believed. How could a boy from an agnostic family firmly believe in God? In my house that topic was never a theme of conversation. “Religion is the opium of the masses,” my father used to say. Over the years, my desire for a spiritual connection continued to increase.

    As a teenager, I was exposed to Capoeira (a Brazilian dance/martial art form) during a family vacation to Brazil. In Chile, I began taking Capoeira classes which helped to fill the void of my lacking spirituality. In 2000, I was accepted to the school of business in Chile and I studied Capoeira every day. My life became busy, “too busy” for religion.

    In 2003, I met my wife, a beautiful American woman who was teaching English in Santiago, Chile. She came from a Catholic family and thus, I came closer to the religion. In 2005, I moved to the USA and in 2006 we married in a Catholic Church in Richmond, Virginia. In 2008, I opened my own studio to teach different styles of martial arts, fitness and dance. That same year my first daughter, Priya, was born and in 2010 I became a home owner. In a period of only five years I had achieved the “American dream”, things that some people do not achieve in their entire life. But something was still missing.

    2012 was one of the hardest times in my life. My arrogance led me to tear my patella tendon which took almost a full year to recover. That same year my second daughter, Mireya, was born. In 2013, I began my spiritual-religious search. I started investigating the Yoruba religion, Santeria, but I did not feel identified with it.

    In December of 2014, I spent Christmas with my family in Chile. After Christmas dinner I went to my room to sleep, but stayed awake just sitting on my bed. Memories of my adolescence and my youth came to me and I began to cry. I cried a lot. I can’t remember for how long, maybe for five or 10 minutes, but I remember putting my knees on the floor and my arms in a supplication position. And I stayed there, asking, really asking, for God to guide me and help me to come closer to Him. After that, I turned on the TV and it was showing a program about the life of Jesus. A lot of questions came to mind like, “Is he God”? Then I googled the word “Jesus” and somehow landed on a page discussing Jesus and Islam. Then I researched the words “Islam” and “Prophet Muhammad.” By the end, I didn’t sleep until 5 or 6 am.

    Around 11am, I woke up. My mother said I must have been tired because of how much I had slept. I told her then that I wanted to become a Muslim but she didn’t believe me. When I arrived in America again, I called a Muslim friend to see if he could take me to a mosque. There, I felt so much peace and harmony within myself. Then another friend, who is from Turkey, helped me to take my Shahada, the testimony of faith. I also met a Gambian brother, a student at my studio, who helped me visit different mosques and meet with some imams. By Ramadan time, I realized that I was surrounded by a nice community of brothers to help me in my journey.

    My wife has been a tremendous support to me. We have been married for 10 years now. I consider myself an impulsive person and I used to get angry with her for insignificant things. But now I try to remember this hadith: “The strong person is not the good wrestler. Rather, the strong person is the one who controls himself when he is angry.” (Sahih al-Bukhari, Book 73, #135)