بسم الله الرحمن الرحيم

Author: Melissa Barreto

  • Se requiere de todo un pueblo

    Se requiere de todo un pueblo

    Se requiere de todo un pueblo: Cómo las cooperativas pueden facilitar la educación en el hogar

    La primera cooperativa de homeschooling, o educación en el hogar, en la que participé era tan pequeña que ni siquiera la llamábamos cooperativa. En ese tiempo, mi hijo mayor tenía 4 años y medio y, por una variedad de razones, mi esposo y yo habíamos decidido sacarlo de sus clases de prekínder para intentar la educación en el hogar. También llevaba a mis otros hijos conmigo, el segundo de 3 años, y el tercero, al que los otros niños de la cooperativa llamaban el “bebé gigante”. La pareja de amigas con las que me encontraba cada semana tenía hijos de las mismas edades y ninguna de nosotras estaba cien por ciento segura de que la educación en el hogar era la mejor decisión para nuestras familias. Sin embargo, seguimos reuniéndonos cada semana, jugando juegos en grupo y haciendo manualidades, dando el todo para enseñar y criar a nuestros hijos juntas.

    En privado, llamabamos al grupo Mini Mu’mins (Los creyentes miniaturas) y, aunque nuestro objetivo era enseñar a nuestros hijos, sentía que nosotras también nos beneficiábamos enormemente por nuestra compañía, apoyo, ejemplos y consejos sinceros. Después de un tiempo las familias se mudaron, y esa primera cooperativa llegó a su fin, pero siempre tendrá un lugar en mi corazón, y las otras mamás y yo todavía nos mantenemos en contacto. Desde entonces, he hecho todo lo posible para mantener las cooperativas como parte integral de nuestro viaje de educación en el hogar, no solo para el beneficio de los niños, sino también para mi propio beneficio.

    Los beneficios de unirse a una cooperativa de homeschooling
    1. Ser parte de una comunidad

    La educación en el hogar puede ser aislante cuando intentas hacerlo sola. Unirse a una cooperativa puede proporcionar un sentido de comunidad, algo necesario tanto para los padres como para sus hijos. En el contexto de la educación en el hogar, una cooperativa es un grupo de familias que se unen para compartir recursos, ayudar en la planificación y ejecución de clases, participar en giras escolares y otros eventos. De esta manera, comparten la carga de organizar y dirigir la educación de los niños, para aliviar un poco del estrés que pueden sentir. Es básicamente una micro comunidad, una aldea o pueblo, formada con personas que comparten los mismos valores, que promueve reunirse de vez en cuando para el desarrollo social, emocional y educativo.

    Ser parte de una cooperativa también les brinda a sus hijos una oportunidad para conocer a otros niños, normalizando la experiencia de la educación en el hogar y para que no se sientan excluidos por no asistir a un colegio tradicional. He visto, con mis propios ojos, cómo los niños hacen la transición de la escuela tradicional a la educación en el hogar, desarrollando amistades maravillosas con otros niños de la cooperativa que han pasado por cambios similares. Se conectan profundamente a través de sus experiencias y logros, y ganan confianza juntos a medida que avanzan en su materia escolar.

    2. Aprendizaje centrado en el niño

    Permitir que los niños tengan cierta autoridad sobre lo que estudian puede promover una pasión por el aprendizaje. Muchas cooperativas les permiten a sus estudiantes escoger los temas y clases que desean estudiar. Algunas dejan que los niños se inscriban según una selección de cursos disponibles, parecido al sistema de elegir las clases para la universidad. Otras cooperativas, como la que administramos actualmente llamada Wildflower Homeschool Collective, permiten a los estudiantes perseguir proyectos y pasiones de manera independiente, ayudándoles a definir y trabajar hacia sus propias metas.

    Oportunidades como esta no solo ayudan a los niños a aprender más sobre las cosas que les apasionan, sino también les permite hacerse cargo de su educación. Cuando los amigos de mis hijos les piden que describan su experiencia en la cooperativa, a menudo responden: “Es como una mini escuela, pero podemos divertirnos mucho más y hacer cosas que nos gustan”.

    3. Explorar temas que no se aprenden en el hogar

    Las cooperativas brindan una excelente oportunidad para que los niños exploren nuevas ideas y temas que tal vez no aprendan en la casa. ¿No te concentraste en enseñar historia este año? ¡No hay problema! La mamá de Sami en la cooperativa le encanta la historia mundial y está dispuesta a enseñar un curso. ¿A tu hijo le fascina la biología, pero tú la odias? ¡No hay que preocuparse! La cooperativa se hará cargo de enseñar sobre la anatomía y disecciones durante las próximas seis semanas. Suzie quiere cocinar todos los días, pero no hay suficiente espacio en la cocina. ¡La cocina de la cooperativa tiene dos hornos y espacio para 6! Desde lo académico hasta las manualidades, artesanías, artes, deportes y más, una cooperativa puede proporcionar a los estudiantes una amplia variedad de oportunidades para explorar y experimentar.

    Los padres están presentes en el desarrollo educativo de sus hijos y pueden apreciar lo que realmente les interesa a sus hijos o saber cuáles ideas son simplemente curiosidades momentáneas. También pueden disfrutar de estas actividades a una fracción del precio de los planes de estudios tradicionales o clases particulares.

    4. Aprendizaje en grupos pequeños

    Muchas de las cooperativas en las que he participado separan a los estudiantes en pequeños grupos. Dependiendo del enfoque organizativo de la cooperativa, estos grupos podrían estar separados por edad, interés o capacidad. En cualquier caso, trabajar en grupos pequeños ofrece una excelente alternativa para que los niños aprendan de una manera diferente a cómo aprenden en la casa. Estas oportunidades ayudan a los estudiantes a cultivar habilidades importantes como la cooperación, consideración de otras perspectivas y el desarrollo de las ideas en grupo, entre otras.

    5. Establecer vínculos con otros adultos

    Cuando los niños son pequeños, disfrutan pasar todo el tiempo con sus padres. A medida que crecen, comienzan a anhelar más oportunidades para aprender de alguien que no sea mamá y papá. Las cooperativas para la educación en el hogar brindan la oportunidad perfecta para que aprendan de otros adultos y forjen vínculos con ellos.

    La rotación de los padres que participan en la enseñanza, la planificación y las actividades les brinda a los niños una variedad constante de adultos confiables de los que pueden obtener conocimiento y respuestas a sus preguntas. Esas mismas personas de confianza pueden compartir ideas maravillosas con los padres sobre sus hijos y aspectos de su comportamiento o carácter que nunca hubieran notado en la casa.

    ¡Sus hijos no serán los únicos que aprenderán! Reunirse en una cooperativa les da a los padres participantes tiempo suficiente para escuchar diferentes perspectivas, hacer preguntas y aprender juntos. Algunos de los mejores planes de estudio, prácticas y rutinas que he implementado en mi propio hogar, fueron recomendaciones de otros padres de la cooperativa de educación en el hogar. Pasar este tiempo con otras personas que han estado en su lugar, que lo han intentado, fallado y lo han intentado nuevamente, puede ser vital.

    Algunas cosas para considerar antes de entrar a una cooperativa para la educación en el hogar

    Tan maravilloso como suenan las cooperativas escolares, puede ser que no sean buenas para todas las familias. Antes de comprometerse a participar en una, hay que considerar lo siguiente:

    1. Las intenciones y expectativas tanto para el padre como para sus hijos

    Los padres deben preguntarse a sí mismos: ¿Cuáles son mis intenciones al querer unirme a una cooperativa? ¿Qué espero obtener de ella? ¿Qué puedo aportar? No hay respuestas correctas o incorrectas; pero sus respuestas pueden ayudarlo a alejarse de las cooperativas que no le convienen, para que así pueda encontrar fácilmente la que es adecuada para su familia.

    2. Sus valores y estilo

    Una pregunta importante que deben hacer es: ¿Esta cooperativa comparte mis valores y cumple con las necesidades de mi familia?
    Las cooperativas varían en sus valores y enfoques. Algunas cooperativas son clásicas y enseñan “según el libro”, mientras que otras son similares al método de unschooling, y rechazan completamente la idea de una instrucción organizada. Algunos están basados en ciertas creencias y requieren una declaración escrita acerca de la fe de la familia antes de inscribirse, mientras otros son completamente seculares. Algunos se concentran en pocas áreas de estudio, mientras que otros mezclan todas las materias. Algunas cooperativas están equipadas para tratar con estudiantes neurodiversos y otras no.
    Es necesario definir sus valores, conocer bien a sus hijos y evaluar sus necesidades. Nunca deben comprometerse con una cooperativa que no puede satisfacer sus expectativas.

    3. Estructura y organización

    Las cooperativas para la educación en el hogar son tan buenas como el esfuerzo que las familias ponen en ellas. No recomendaría inscribirse en ninguna cooperativa que no esté bien organizada, a menos que los padres estén dispuestos y sean capaces de asumir la tarea de solucionar los problemas. No tiene que estar estrictamente organizada, pero todos deberían trabajar bien juntos para que las cosas se manejen sin problemas y los niños tengan una experiencia beneficiosa.

    Pregunte sobre la estructura y busque indicaciones de que este todo bien organizado: ¿Se comunica la información importante de manera clara y oportuna? ¿Se están utilizando los recursos adecuadamente para el beneficio de los niños? O, ¿Las lecciones y materiales parecen no ser apropiados? ¿Los niños tienen suficiente espacio y todas las herramientas que necesitan? ¿Están distribuyendo el trabajo entre los adultos de manera equilibrada o cae principalmente en los hombros de dos o tres personas? ¿Pueden resolver conflictos y desacuerdos de una manera respetuosa y efectiva?

    Puede parecer que estas preguntas solo tienen que ver con lo que se vive “detrás del escenario” y no necesariamente deben afectar a los estudiantes, sin embargo, un niño puede percibir cuando el sistema no es estable y eso puede afectar su experiencia de manera negativa.

    4. El compromiso

    Las cooperativas de educación en el hogar generalmente requieren diferentes niveles de compromiso. Antes de involucrarse, deben asegurarse de que los compromisos sean algo que puedan manejar fácilmente. El primer compromiso suele ser financiero. Pregunten con bastante anticipación sobre los precios para inscribir a cada niño o una familia entera. También pregunte sobre posibles costos adicionales para materiales de clase y viajes.

    Otro compromiso es el tiempo. La distancia, horario y frecuencia de las reuniones por medio de la cooperativa deben funcionar para la familia. Hay que preguntar si se requiere que su hijo asista cada reunión o clase que ofrecen. Si ese es el caso, significa no poder tomar unas vacaciones cuando lo deseen. ¿La inscripción requiere el compromiso de un año completo o puede asistir por sesión o por clase? Las cooperativas que requieren un menor compromiso de tiempo suelen ser más flexibles para las familias. De lo contrario, las cooperativas con un compromiso de más tiempo podrían brindar más oportunidades para que el estudiante construya lazos más fuertes y duraderos.

    El compromiso final por considerar es la enseñanza. La mayoría de las cooperativas funcionan en un sistema de padres que se turnan como maestros y / o asistentes. ¿Con qué frecuencia necesita el padre o la madre enseñar o ayudar? ¿Cuántas clases debe ofrecer? ¿Puede elegir los temas que quiere enseñar o le asignan una materia? ¿Es algo que puede hacer fácilmente?

    La educación en el hogar puede ser increíblemente desafiante e inmensamente gratificante. También es un compromiso de tiempo completo por parte de los padres y los estudiantes, y a menudo los padres necesitan conectarse con otras familias para compartir ideas y recursos. Una cooperativa de educación en el hogar puede ser ese pueblo que necesita para ayudar a criar a sus hijos. Sin embargo, tenga en cuenta que para que una tribu o pueblo sea sostenible, se requiere que todos los miembros trabajen juntos en armonía.

  • It Takes a Village

    It Takes a Village

    It Takes a Village: It Takes a Village: How Co-Ops Can Take the Edge off Homeschooling

    The first homeschool co-op I was ever part of was so small that we didn’t even call it a co-op. At the time, my oldest son was 4 1/2 years old, and for a variety of reasons, my husband and I had recently made the decision to pull him out of his brick and mortar pre-K class to attempt homeschooling. I was also toting my second son, who was 3, and my third son, a toddler whom other co-op kids had fondly nicknamed “giant baby.” The couple of mom friends I met up with each week had children in the same age range and none of us were a hundred percent certain that homeschooling would be the best path for our families. But there we were, meeting up each week, playing group games and making crafts, doing the best we knew how to teach and raise our kids together.

    Privately we called the group Mini Mu’mins (Mini Believers) and while our focus was on teaching our kids, I always felt like we benefitted immensely from one another’s company, support, examples, and sincere advice. Eventually, families moved, and that first co-op came to an end, but it will always be dear to my heart, and the moms and I keep in touch. Since then, I’ve tried my best to keep co-ops an integral part of our homeschooling journey, not just for the benefit of the kids, but for my own benefit.

    Benefits of Joining a Homeschool Co-Op
    1. Being Part of a Community

    Homeschooling can be isolating when you try to do it all on your own. Joining a co-op can provide a much-needed sense of community for both parents and children. By definition, a co-op is a group of families coming together to share resources, help in the planning and execution of classes, outings, and events, spreading out the load so that everyone’s plate gets a little lighter. It’s essentially a micro-community, a village, formed with others who share your values, providing a regular outlet for social, emotional, and educational support.
    Being part of a co-op also introduces your child/ren to other children, normalizing the homeschool experience so they don’t feel left out for “not being in school.” I’ve seen first-hand how children transitioning from traditional school to homeschool have formed wonderful friendships with other co-op kids who went through similar transitions. They connect deeply through shared experiences and struggles, and gain confidence together as they progress through their homeschooling journey.

    2. Child-led Learning

    Allowing children to have some authority over what they study can fuel passionate learning. Many co-ops allow their students to have a say in the topics and classes that get covered. Some co-ops allow students to enroll based on a selection of available courses, like choosing classes for college. Other co-ops, like the one we currently manage, Wildflower Homeschool Collective, even allow students to pursue projects and passions independently, helping them learn to define and work toward their own goals.
    Opportunities like this not only help children learn more about the things they’re passionate about, but also allow them to take charge of their learning experience. When my children’s friends ask them to describe their co-op experience, they often answer, “It’s kind of like mini-school, but we get to have a lot more fun and do things that we like to do.”

    3. Exposure to Topics Not Covered at Home

    Co-ops provide an excellent opportunity for children to pursue new ideas and topics they may not get at home. Not focused on history this year? Not a problem! Sami’s mom at co-op loves world history and is willing to teach a course. Your kid loves biology, but you hate it? No worries! Co-op is covering anatomy and dissections for the next six weeks. Suzie wants to bake every week but there’s not enough space at home. The co-op kitchen has two ovens and space for 6! From academics to life skills, handicrafts, arts, sports, and more, a co-op can provide students a wide variety of conceptual to hands-on exploration.
    Parents can navigate through all the learning experiences with their kids and see first-hand which ideas are simply fleeting curiosities or which ignite a real passion in their child. They are also able to enjoy these activities at a fraction of the price of traditional boxed curricula or individual classes for the same subject.

    4. Small Group Learning

    Many of the co-ops I have been part of separate students into small working groups. Depending on the co-op’s organizational approach, these groups could be separated by age, interest, or ability. Regardless, the small group dynamic provides an excellent opportunity for children to learn in ways different to how they approach learning at home. These settings help homeschooled children cultivate important skills like cooperation, considering others’ perspectives, building off others’ ideas, and more.

    5. Bonding with Other Adults

    When children are young, they enjoy spending all their time with their parents. As they get older, they begin to crave more opportunities for learning from someone other than mom and dad. Co-ops provide the perfect opportunity for them to learn from, and build bonds with, other adults.
    The rotation of parents pitching in to teach, plan activities, and make things happen for your child give them a steady stream of trusted adults, who aren’t you, who they can look to for knowledge and answers to their questions. Those same trusted adults can also share wonderful insights about your child and parts of their behavior or character you may not notice.
    Your kids won’t be the only ones learning! Coming together in a co-op gives participating parents ample time to hear different perspectives, ask questions, and learn from one another. Some of the best curricula, practices, and routines I have implemented originated as recommendations from other homeschooling co-op parents. Spending this time with others who have been in your shoes, who have tried, failed and tried again, just like you, can be vital.
    Things to Consider Before Joining a Homeschool Co-Op
    As wonderful as co-ops can be, sometimes they can also not be a good fit for your family. Before you take the plunge with any co-op, consider the following:

    1. Intentions and Expectations for Yourself and Your Children

    Ask yourself: What are your intentions with wanting to join a co-op? What do you expect to get from it? What can you reasonably contribute? There are no right or wrong answers; but your answers can help steer you away from co-ops that do not fit your criteria, so you can easily find the one that is right for your family.

    2. Values and Approach

    A major question you will want to ask yourself is this: Does this co-op meet my family’s values and needs?
    Co-ops vary in their values and approaches. Some co-ops are classical and teach “by the book,” while others are akin to unschooling. Some are faith-based and insist upon written declarations of a member’s beliefs while others are completely secular. Some focus on only a couple of areas of study while others mix in learning from all subjects. Some co-ops are equipped to deal with neuro diverse learners and others are not.

    Know your values. Know your children. Know your needs and never commit to a co-op you think will not be able to accommodate and fulfill them.

    3. Structure and Organization

    A co-op is only as good as the effort the families put into it. I wouldn’t recommend signing on to any co-op that is not well organized, unless you are capable and willing to take on the task of turning it around. It doesn’t have to be strictly organized, but everyone should be able to work well together so things flow smoothly, and the children have an engaging and beneficial experience.

    Ask about structure and look for signs of organization. Is important information being communicated in a clear and timely fashion? Are adequate resources being used for the benefit of the children’s learning or do lessons and materials seem as though they are thrown together haphazardly? Do children have the space, tools, and support they need? Is the workload being evenly distributed or does it mostly fall on a dedicated few? Are disagreements and disputes being promptly addressed and resolved in a respectful manner?
    It may seem that these questions are only “behind the scenes” issues, but kids sense when the environment around them is not stable and it can affect their experience.

    4. Commitment

    Homeschool co-ops usually require varying levels of commitment. Before you dive in, you want to make sure the commitments are something that you and your family can easily manage. The first commitment is usually a financial one. Ask well in advance how much enrollment fees are per child or per family before you join. Also ask about possible additional costs such as class materials and trips.

    Another commitment is time. Does the distance, day(s), schedule, and frequency of the co-op work for your family? Is your child required to have near perfect attendance? — (Which means you may not be able to go on vacation when you want.) Does enrolling require a full year’s commitment or are you free to attend on a per session or per class basis? Co-ops that require a lower overall time commitment are usually more flexible for families. On the other hand, co-ops with a longer time commitment could mean more opportunity for your child to build stronger, more lasting bonds.

    The final commitment to consider regards teaching. Most co-ops function on a system of parents rotating as teachers and/or assistants. How often will you need to teach or assist? How many classes? Can you choose the topics you want to teach or are you being assigned a subject? Is this kind of commitment something you can do easily? Or will it add more stress to your already busy schedule and lifestyle?

    Homeschooling can be both incredibly challenging and immensely rewarding. It is also a full-time commitment on the part of both parents and students, and often parents need to connect with other homeschoolers to share ideas and resources. A homeschooling co-op may be that village you need to help raise your children. However, keep in mind that in order for a tribe or village to be sustainable, it requires that all members work together harmoniously.

  • Cómo el ayuno me condujo hacia el Islam

    Cómo el ayuno me condujo hacia el Islam

    Me crie en el sur de California, la menor de dos hijos, y mis padres nunca nos enseñaron a creer en alguna religión o dogma en particular. Por consecuencia, viví mi vida como me sentía cómoda y nunca he tenido una lucha personal con la fe o la necesidad de buscar una realización espiritual… Hasta que el Islam me encontró a mí.
    La primera vez que escuché sobre el Islam, yo estaba en la universidad trabajando para el periódico universitario. Estaba cubriendo un evento de la Asociación de Estudiantes Musulmanes (MSA) durante el mes de Ramadán llamado Fast-A-Thon (Ayun-a-tón), donde se les invita a los no-musulmanes a ayunar los días que puedan y romper su ayuno con los estudiantes musulmanes en el campus. Por cada día que un no-musulmán ayunaba, un negocio o una organización musulmana local donaban una cierta cantidad de dinero que el MSA recolectaba para dar en caridad.
    Fui con mi proceso habitual de entrevistar a varios miembros de la organización musulmana y algunos de los participantes no-musulmanes. Para el periódico, sólo era otra de muchas simples noticias sobre otra organización universitaria. Pero para mí, lo que resultó fue ser una puerta abierta a un mundo que nunca antes había conocido. Después de mi primer par de entrevistas, yo sabía que la historia real no era el Ayun-A-tón. La verdadera historia era sobre el Islam y yo estaba decidida a aprender más.
    Después de la publicación del artículo, decidí a probar el ayuno con la organización. Yo nunca había ayunado antes en mi vida, pero me gustaba la idea de ayudar a los menos afortunados, así que lo trate. Aunque los dos primeros días fueron difíciles, el ayuno se hizo más fácil con el tiempo y antes de darme cuenta, yo ayuné casi 20 días de Ramadán sin ser musulmana. Cada día que yo ayunaba, me unía con la organización islámica para compartir en sus iftares (cenas) en la noche, durante el cual rompían el ayuno, oraban y escuchaban un breve discurso sobre el Islam. Yo siempre llegaba algunos minutos antes para que poder ver y escuchar todo. Era tan extraño para mí, sin embargo, tan fascinante al mismo tiempo. Tenía tantas preguntas de seguimiento de mis primeras entrevistas que use ese tiempo para interrogar a cualquier musulmán que estaba dispuesto a responderme. “¿Por qué estás ayunando otra vez?” “¿Qué es esto del Corán? ¿Y quién lo escribió?” “¿Quién es el Profeta Muhammad?” “¿Y por qué están siempre rezando?” “¿Y quién es este Alá que sigues mencionando?”
    Durante los iftares, aprendí acerca de otros eventos que la organización musulmana promovía en el campus, como las oraciones diarias, las oraciones en congregación los viernes (Yummah), y una clase semanal sobre la vida del Profeta Muhammad, que la paz esté con él. La clase era más para los estudiantes musulmanes, pero de todos modos quise asistir. Fue durante esas clases que Alá puso por primera vez un verdadero amor por el Islam en mi corazón. Me conmovió tanto la historia que a menudo se me llenaban los ojos de lágrimas y pasaba mis noches despierta pensando en todo lo que había escuchado. Sabía por la clase que el Profeta Muhammad, que la paz esté con él, era genuino y verdadero. Y pensé que si él era verdadero, entonces Alá también tenía que ser verdadero. Y si Alá era verdadero, entonces yo tenía mucho más que aprender.
    A medida del tiempo, continué frecuentando los eventos musulmanes en el campus. Me sentaba atrás de las filas mientras oraban. Asistía a sus clases y reuniones y tomaba notas durante los sermones de Yummah. Me sentaba con las hermanas musulmanas y les hacía preguntas acerca de la religión. Mi deseo de aprender era constante.
    Algunos meses pasaron y una hermana a quien le hacía regularmente preguntas desafió mis motivos. Ella me preguntó: “¿Qué estás esperando? Conoces a Alá y al Profeta Muhammad, y sabes que el Islam es la verdad. Dices que quieres aprender más antes de aceptar la religión, pero nunca vas a aprenderlo todo. Hasta los eruditos pasan todas sus vidas aprendiendo sobre el Islam y nunca llegan a aprender todo. ¿Qué pasa si te mueres hoy mientras vas a tu casa? No querrás morir sabiendo quien es Alá, pero negando aceptarlo”.
    Me tomó un par de días para digerir completamente sus palabras, pero alcanzó un lugar en mi corazón que yo no podía negar. Me hicieron darme cuenta que durante toda mi vida había vivido solo para mí misma, mientras me estaba perdiendo un propósito mayor: vivir por algo que está afuera de nosotros mismos—el vivir para adorarle a Alá. La semana siguiente me acerqué a esa misma hermana y le pedí que me guíe en mi Shahada (el testimonio de la fe), mientras repetia, “Ash-hadu an lá iláha ila Alá, wa ash-hadu anna Muhammad ar-Rasul Alá”. Alhamdulilá (Toda alabanza es para Alá).
    Eso fue en 2006. Era mi cuarto año en la universidad y yo tenía solo 22 años. Desde ese entonces, me he enfrentado a muchos desafíos con amigos, familiares, colegas, y compañeros. Pero Alhamdulilá, con todos los retos que Dios me ha enviado, Él también me ha enviado más fe para llenar mi corazón y mantenerme firme en el Islam.
    “¡Señor nuestro! No desvíes nuestros corazones después de habernos guiado y concédenos misericordia procedente de Ti, ciertamente Tú eres el Dador Generoso.”
    (El Sagrado Corán, 3:08)

  • How Fasting Led Me to Islam

    How Fasting Led Me to Islam

    I grew up in Southern California, the younger of two children, and my parents never taught us to believe in any particular faith or dogma. Consequently, I lived my life as I felt comfortable and never had a personal struggle with faith or a need to search for any spiritual fulfillment. Until Islam found me.

    The first time I heard about Islam, I was in college working for my university’s campus newspaper.

    The first time I heard about Islam, I was in college working for my university’s campus newspaper. I was covering an event for the Muslim Student Association, a month long Fast-A-Thon during Ramadan where non-Muslims were invited to fast as many days as they could and break their fasts with the Muslim students on campus. For every day that a non-Muslim agreed to fast, a local Muslim business or organization would donate a certain amount of money that the MSA would collect and give in charity.

    I went about my usual process of interviewing various members of the MSA, as well as some of the non-Muslim participants. For the newspaper, it was just one of countless simple stories of yet another campus club event. But for me, it turned out to be an open door into a world that I had never known before. After my first couple of interviews, I knew that the real story was not the Fast-A-Thon. The real story was Islam, and I was determined to learn more.

    After the article was published, I decided to try fasting with the MSA. I had never fasted before in my life, but I was passionate about helping the less fortunate so I gave it a try. Although the first couple of days were difficult, fasting became easier over time and before I knew it, I fasted nearly 20 days of Ramadan. Every day that I fasted, I joined the MSA for their evening iftar (dinner), during which they would break their fast, pray, and listen to a short lecture about Islam. I made it a point to show up a few minutes early so I could watch and listen to everything. It was so foreign to me, yet so intriguing at the same time. I had so many follow-up questions from my initial interviews that I used this time to hunt for answers from any Muslim who was willing to answer me. “Why are you fasting again?” “What’s this Qur’an? And who wrote it?” “Who is Prophet Muhammad?” “And why are you always praying?” “And who is this Allah you keep mentioning every time you speak?”

    During the iftars, I learned about other MSA events on campus like daily prayers, Friday Jummah (congregational) prayers, and a weekly class about the life of the Prophet Muhammad, peace be upon him. The class was geared towards Muslim students but I attended it anyway. It was during those classes when Allah first put a real love for Islam in my heart. I was so compelled by what I learned that I would often tear up and spend my nights awake going over everything in my head. I knew from what I learned in that class that Prophet Muhammad, peace be upon him, was genuine and true. And I figured if he was true, then Allah must be true. And if Allah was true, then I had a lot more learning to do.

    As time passed, I continued to frequent the Muslim events on campus. I sat in the back of the rows while they prayed, I attended their classes and meetings, and I took notes during the Jummah sermons. I sat with Muslim sisters and asked more about the religion. My desire to learn was overwhelming.

    A few months later, a sister to whom I would regularly ask questions openly challenged my motives. She asked me: “What are you waiting for? You know Allah, and you know the Prophet Muhammad, and you know that Islam is true. You say you want to learn more before you accept the religion but you’re never going to learn everything. Scholars spend their entire lives learning about Islam and they still never learn everything. What if you die today on your way home? You don’t want to die knowing who Allah is but refusing to surrender to Him.”

    It took me a few days to fully digest her words, but they hit a place in my heart that I couldn’t ignore. They made me realize that during my entire life of only living for myself, I was missing out on a greater purpose: to live for that which is outside of ourselves, something that exceeds our personal realities — to live to worship Allah. The following week I approached that same sister and asked her to lead me in my Shahada (the testimony of faith), and I repeated, “Ash-hadu an la ilaha illa Allah, wa ash-hadu anna Muhammad ar-Rasool Allah.” Alhamdulilah.

    That was in 2006. It was my fourth year of college and I was 22 years old. Since then, I’ve faced many challenges with friends, family, co-workers, and peers. But Alhamdulilah, with every challenge that Allah has sent my way, He has also sent more faith to fill my heart and to keep me firm upon Islam.