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Superando el acoso escolar como musulmán latino

Soy un latino que también es musulmán, lo que todavía es una anomalía aquí en los Estados Unidos. Mis compañeros del colegio pensaban que era mexicano y cuando les dije que era mitad puertorriqueño y mitad ecuatoriano, siguieron llamándome mexicano por molestarme. Ellos no podían burlarse de mi religión porque también eran musulmanes, así que se enfocaron en mi origen. Desde que comencé la escuela, todos los niños me llamaban mexicano y me preguntaban burlonamente si tenía mi visa, y decían muchos otros comentarios racistas o xenófobos. Me molestaban por otras cosas como la ropa que usaba y la comida que comía, por ser latino. Siempre era el blanco de toda clase de insultos.
Un día usé una sudadera que mi tío diseñó para su escuela de jiu-jitsu brasilero, llamada Rollstar. La sudadera tenía uno de los lemas de mi tío: “No se permiten los egos; mantente humilde”, lo que para mí significa que nunca deberíamos ser arrogantes o creernos mejor que nadie. Irónicamente, eso se convirtió en el próximo objeto de burla. Mis compañeros de clase decían el eslogan con acento japonés y se burlaban del jiu-jitsu como arte marcial. No sabían nada sobre el deporte de jiu-jitsu, así que simplemente pateaban sus piernas en el aire y fingían golpear como si fuera una forma de karate. Dijeron que “No se permiten los egos; mantente humilde” se había convertido en un meme por yo usarlo. A pesar de eso, todavía usaba la sudadera con orgullo.
No me importaba si se burlaban de mí, aunque a veces me molestaba. Después de un tiempo escuchando lo mismo, me cansé y les dije que pararan. En ese momento, dejaron de llamarme sobrenombres. Sin embargo, al día siguiente, comenzaron de nuevo. Estos incidentes me recuerdan a una frase que leí en un libro que decía: “¿Por qué tratar de hacer lo correcto si la gente siempre piensa lo peor?” Cuando traté de decirles que terminaran con sus humillaciones, se burlaron aún más de mí. Pensaban que era un cobarde. Incluso me llamaron un debilucho, pero en mi mente, sabía que podía derrotarlos si quisiera. Llegaron a atacar verbalmente a mi familia e insultar a mis padres. Llamaron a mi padre débil y se burlaron de él por su estatura. Les dije firmemente que guardaran silencio, y ellos sabían que hablaba muy en serio. Dejaron de insultar a mis padres, pero siguieron con sus ataques hacia mí.
Uno de los chicos en mi clase que me molestaba publicó un video burlándose de mí y hablando groserías estaba en las redes sociales. Aunque le dije a los maestros lo que estaba ocurriendo, el niño no se metió en problemas. Como vi que los maestros no hicieron nada, traté de tomar el asunto en mis propias manos, lo que resultó ser un grave error. Hice una caricatura de mí peleando con el niño y golpeándolo. Mi amigo publicó la caricatura en las redes sociales para vengarse. Supongo que el chico que lo inició vio la publicación y se lo contó a los maestros. Mi amigo y yo nos metimos en problemas. Sorprendentemente, el que comenzó toda la polémica no sufrió ningunas consecuencias. Se rumoreaba que la razón era porque en el colegio que asistíamos, que es una escuela islámica privada, algunos de los maestros favorecían a los niños pakistaníes. Aunque era musulmán, yo era el único latino en mi clase.
No trates de buscar venganza
De esa experiencia, aprendí una valiosa lección: cuando alguien te hace algo malo, no trates de vengarte haciendo algo similar. Como dice el refrán: “Dos errores no hacen un bien”. Si alguien te está haciendo daño, debes tener paciencia, hablar con él y tratar de resolver el problema sin pelear. También es una buena idea hacerle saber a un adulto lo que está sucediendo e involucrar a tus padres.
Después de un tiempo, el acoso en la escuela terminó por completo porque el chico que más me molestaba tuvo un corte de pelo horrible. Su cabeza estaba completamente afeitada. Él se dio cuenta en ese momento, que, si quisiéramos, mis amigos y yo podíamos burlarnos de su cabello. ¡Fue justicia divina! Sin embargo, no me burlé de él porque nunca quiero rebajarme al mismo nivel que un acosador. A veces, cuando ridiculizamos a las personas, terminamos en una situación peor como castigo por nuestras malas acciones. Yo aprendí eso muy bien después del incidente con la caricatura.
Pasó mucho tiempo antes de que lograra que mis compañeros de clase dejaran de molestarme, pero por fin lo hicieron. Una vez que el líder del grupo se detuvo, sus amigos lo siguieron. Esto demuestra que la mayoría de las personas que se burlan de otros son solo seguidores. Los líderes tienen la opción de ser acosadores o defender a otros contra la intimidación. Entonces, ¿por qué tratar de hacer lo correcto si la gente siempre piensa lo peor? Porque tenemos el deber de hacer el bien sin mirar a quien y, con suerte, otras personas también nos seguirán.
Debo aclarar que mientras los niños que me acosaban en la escuela eran musulmanes, los acosadores pueden ser de cualquier religión, raza o clase. Mis compañeros de clase vieron que yo era diferente porque era latino, y por eso decidieron burlarse. No quisieron conocerme por quién era, y se enfocaron en mi origen. Eso nunca debería importar porque todos somos seres humanos de la misma raza humana. La lección que debemos aprender de mi experiencia es que nunca tenemos que sentirnos mejor que nadie. Como dice el suéter: “No se permiten los egos, mantente humilde”.

Hernan Abu Uthman GuadalupeAuthor Hernan Guadalupe, MEng., PMP, is a Muslim convert of Ecuadorian descent. He is a full-time engineer and a doctoral student in project management, as well as the co-founder of Hablamos Islam, Inc., a non-profit organization that produces educational materials in the Spanish language

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