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Los modales islámicos hacia los vecinos

La esencia del Islam es el tauhid, o el monoteísmo islámico puro; es decir, la creencia en la absoluta unicidad del Creador. Esta creencia firme en el tauhid está representada en la Shahada, o la declaración de fe, al atestiguar que “No hay una deidad digna de adoración excepto Alá, y que Muhammad es el Mensajero de Alá”. Sin embargo, la creencia y la fe no son completas si no se combinan con las buenas acciones, como Alá menciona en el Corán, “Salvo a quienes crean y obren rectamente, porque ellos recibirán una recompensa inagotable” (84:25). De manera similar, en otro versículo, dice: “En cambio, quienes hayan creído y obrado correctamente serán recompensados con jardines por donde corren los ríos. Ese es el triunfo grandioso” (El Corán, 85:11). En estos dos versos, y en muchos otros similares a ellos, Alá conecta las buenas acciones con la fe. El “imán”, o la fe, es deficiente sin las buenas acciones, y esto incluye los buenos modales. De hecho, el Mensajero de Alá, que la paz sea con él, dijo en un hadiz auténtico, “He sido enviado para perfeccionar los buenos modales” (Bujari).

El comportamiento bueno y adecuado se aplica en un espectro amplio de relaciones y situaciones que comienzan, ante todo, con los modales adecuados hacia Alá, el Todopoderoso y Majestuoso, y hacia Su religión del Islam. Esto es seguido por los modales hacia el Mensajero de Alá, la paz sea con él, y su Sunnah, o tradiciones y enseñanzas proféticas, así como los modales hacia los demás, como con los padres y familiares, compañeros de trabajo, vecinos, musulmanes y no musulmanes, etc. Por lo tanto, el tema de los modales no se debe tomar a la ligera. Con respecto a los modales adecuados hacia el vecino, Alá menciona en el Corán: “Adoren solamente a Dios y no dediquen actos de adoración a otros. Hagan el bien a sus padres, a sus familiares, a los huérfanos, a los pobres, a los vecinos parientes y no parientes, al compañero, al viajero insolvente y a quienes están a su servicio. Dios no ama a quien se comporta como un arrogante jactancioso” (4:36).
Podemos entender algunos detalles sobre la importancia de una buena relación con el vecino a través de las enseñanzas en el Libro de Alá y los hadices (narraciones) auténticos del Profeta Muhammad, la paz sea con él. Esto nos ayuda a establecer una mejor comprensión de la importancia y el valor de los buenos modales hacia el prójimo, y entender cómo nos ayuda a acercarnos a Alá a través del conocimiento y la implementación de esta sabiduría.

Ser un buen vecino es parte de la fe

El Islam pone un gran énfasis en la relación entre los vecinos. Esto es algo lógico, ya que el vecino es una de las personas que vemos con más frecuencia y con la cual tenemos mayor contacto diariamente. El vecino, independientemente de su afiliación religiosa, tiene un estatus especial en el Islam. La buena relación de un musulmán con su vecino lo aumentará en virtud y finalmente lo acercará a Alá. Esta relación debe estar llena de amabilidad, asistencia, sensibilidad, confianza y paciencia. Cualquier daño o malicia hacia el vecino está absolutamente prohibido. Abu Huraira narró que el Profeta Muhammad, la paz sea con él, dijo: “Quien crea en Alá y en el Último Día no debe lastimar a su vecino; y quien crea en Alá y el último día debe servir a su invitado generosamente; y quien crea en Alá y el último día debe hablar bien o permanecer callado”. (Bujari)

En otro hadiz, narrado por Abu Shuraih, el Profeta dijo: “¡Por Alá, que no cree! ¡Por Alá, que no cree! ¡Por Alá, que no cree!” Le preguntaron sus compañeros, “¿A quién te refieres?, ¡Oh, Mensajero de Alá!” Él respondió: “Aquel cuyo vecino no se siente a salvo de su maldad” (Sahih Al-Bukhari). Estos hadices destacan que una buena relación con el vecino es parte de la fe. Un musulmán que daña a su vecino de cualquier manera es deficiente en su fe porque está descuidando su deber hacia Alá y su reunión final con Él en el Día del Juicio.

El estatus del vecino en el Islam

Hay muchos ejemplos en las enseñanzas del Profeta Muhammad, la paz sea con él, con respecto al vecino y su papel en la vida del musulmán. Sin embargo, uno que resume el estatus del vecino es el hadiz narrado por la esposa del Profeta, Aisha, que Alá esté complacido con ella, quien informó que él dijo: “El Ángel Gabriel continuó aconsejándome acerca de la bondad hacia mi vecino hasta que pensé que iba a convertirlo en mi heredero” (Bujari). El Islam le otorga un nivel tan elevado a los vecinos que Gabriel, la paz sea con él, reiteró la importancia de tratarlos con buenos modales una y otra vez; tanto así que el Profeta, la paz sea con él, pensó que alcanzarían un estatus similar al de la propia familia y, finalmente, se les otorgarían derechos de herencia.

Cómo ser un buen vecino a la luz de las tradiciones proféticas

Honrar y respetar a los vecinos se manifiesta a través de las buenas acciones hacia ellos, a través de actos de bondad y compasión. Aisha, que Alá esté complacido con ella, narró que una vez le preguntó al Profeta Muhammad, la paz sea con él, “Oh, Mensajero de Alá, tengo dos vecinas, ¿a cuál debo enviarle un regalo?” Él le respondió, “A aquella cuya puerta esté más cerca a la tuya” (Bujari). Está claro que el Islam alienta no solo a ser amables con nuestros vecinos, sino también a darles obsequios como un medio para mostrar afecto y mantener una buena relación y amistad. El Mensajero de Alá, la paz sea con él, mencionó en otro hadiz, “Si cocinas un poco de caldo, agrega más agua y envía una cantidad a tu vecino”. (Muslim)

Un musulmán nunca descuida a su vecino y, de hecho, se nos enseña que un musulmán que se duerme con el estómago lleno mientras su vecino sufre de hambre es deficiente en su fe. En otra tradición profética, el Mensajero de Alá, la paz sea con él, dijo, “No es un creyente quien se sacia mientras su vecino tanga hambre” (Bujari). En otra narración similar, el Profeta dijo, “No cree en mí, quien se sacia mientras su vecino a su lado tiene hambre y él lo sabe” (At-Tabarani). Los musulmanes deben estar ansiosos por echar una mano y mostrar amabilidad y cariño de cualquier manera posible.

Sonreírles a nuestros vecinos es una forma de caridad por la cual Alá recompensa a un musulmán. El Sheij Muhammad bin Salah al-Utheimin mencionó en su libro Makaarim al-Akhlaaq (El Carácter Moral Recto) que, “El tercer tipo (de carácter moral recto) es saludar a las personas con una sonrisa agradable, en lugar de fruncir el ceño. El Profeta, que Alá eleve su estatus y le conceda paz, dijo: ‘No menosprecies ningún acto de bondad, incluso aunque sea encontrarte con tu hermano llevando una sonrisa agradable en tu rostro’”. Continuó diciendo, “Una sonrisa placentera hace que las personas se pongan felices, gana su amor y afecto y hace que ambas partes tengan buenos pensamientos el uno del otro. ¡Pruébalo y verás!” Esta simple acción tiene un efecto tremendo en los corazones de las personas.

Los musulmanes deben ser una fuente de comodidad, confianza y seguridad para el vecino. El vecino debe sentirse seguro en su presencia sin tener alguna duda de que el musulmán respetará sus derechos y protegerá su hogar. Una historia de nuestros predecesores piadosos es el cuento de Said bin al-Aas y su vecino. El vecino de Said deseaba vender su casa por 100.000 dirhams, debido a una necesidad. Un hombre estaba interesado en la casa, y el vendedor le dijo: “Este (100.000 dirhams) es el precio de la casa, pero ¿Cuánto pagarías por tener a Said bin al-Aas como tu vecino?” Cuando Said se enteró de esto, le envió a su vecino 100.000 dirhams y le dijo que se quedara con su hogar (El musulmán ideal, por Muhammad Al-Hashimi). Esta historia es un ejemplo de lo que significa ser un buen vecino musulmán. El vecino valoraba tanto su relación con Said bin al-Aas que sabía que cualquier persona se beneficiaría al vivir a su lado. La otra lección en la historia de Said es que tan pronto Said supo que su vecino estaba vendiendo su casa únicamente por necesidad, él le regaló al vecino el precio de la casa para que este pudiera permanecer en su hogar.

Pensamientos finales

El objetivo de cada musulmán es complacer a su Creador de cualquier manera posible. Adorar y obedecer a Alá, por medio de Su Misericordia, finalmente lo llevará a residir en el Paraíso junto a los mejores entre la creación. La oración o el ayuno son actos profundos de adoración y obediencia. Tener buenos modales y mantener buenas relaciones con los vecinos también son actos de adoración y obediencia. La belleza del Islam es que incluso las interacciones diarias con otras personas, si se hacen con la intención de complacer a Alá, se consideran actos de adoración.

Hernan Abu Uthman GuadalupeAuthor Hernan Guadalupe, MEng., PMP, is a Muslim convert of Ecuadorian descent. He is a full-time engineer and a doctoral student in project management, as well as the co-founder of Hablamos Islam, Inc., a non-profit organization that produces educational materials in the Spanish language

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